SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Vivimos inmersos en emociones negativas, de crisis en crisis, siendo una de ellas la de buenas expectativas políticas dejadas de resolver por la democracia. Todo pareciera dejarnos sabor a amargura, a pérdida, como si resultado fuera de descubrir que algo no es como se imaginaba. Desgastados parecieran también los partidos, los cuales no se revitalizan como debieran, lo que genera en la población tener que enfrentarse a un riesgo mayor, la decepción en los logros de la democracia, que no ha podido vencer los espacios que ocupando viene el crimen en las más de sus modalidades, y es evidente que es la nuestra una democracia en que la violencia ha encontrado cabida; lo que es peligroso, toda vez que la socava y se constituye en una de sus directas enemigas

Impelidos debemos estar a contrarrestar la decepción democrática que fuere, más cuando los estados de ánimo no muestran que estemos en condiciones de triunfar contra la desazón que la violencia nos causa. Todo es incertidumbre. Del hacer democrático interesa también despejar cual ha de ser el peso de las perspectivas gubernamentales respecto de consolidar las transformaciones que requerimos en los distintos planos del desarrollo y crecimiento.

La esperanza debe aparecer, estar en nosotros, verla traducida en cambios y siendo artífice para recuperar la confianza en los partidos y en los resultados legislativos, que siguen sin representar como debieran los intereses más altos de sus comunidades. Hay hartazgo, desinterés y convulsionados se perciben los sentimientos de abandono por parte de los electores que no quieren saber de políticos que solo regresan cuando las elecciones están cercanas; de ahí sus expresiones desde la incredulidad, de enojo contra ellos, contra los partidos y contra la paquidermia como respuesta a la violencia generalizada. No hay confianza en los políticos como tampoco en los partidos.

En lugar unos y otros de adelantar acciones de reconquista, ahondan con sus actitudes y desafortunadas decisiones en esa crisis de expectativas políticas. No demuestran ser opciones distintas para llegar por senderos ciertos y diferentes a puerto seguro. Ojalá estas campañas que asoman sean de altura y no han un rifirrafe inaceptable de acusaciones, insultos, opacidades, falta de transparencia en las ingentes cantidades de dineros que alimentan guerras vitandas en redes sociales y la presencia abominable de conductas irregulares a lo largo y ancho de las mismas, lo que es de suyo detestable y digno de lamentaciones.

A nuestra sociedad, a diferencia de lo que antes acontecía, no le duelen ya sus políticos, en la verdad que nada hacen éstos por sumar para sí esa querencia que antaño se les profesaba y de la que eran objeto; y además por cuanto ven irredenta su crisis de expectativas políticas. Cunde el desánimo en la población, al ver que no se llenan los espacios, ni aparecen a su juicio, quien o quienes puedan ser salvadores de la democracia; y además, por cuanto ven que la violencia sigue encontrado lugar en nuestra democracia a través del lenguaje polarizador que se utiliza, y trasciende en la política de dineros mal habidos, de acciones delictivas y vetos para obstaculizar o impulsar candidatos. 

 *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

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