Por: José Manuel Herrera Brito

Muchas veces -y sin embargo nos sorprenden-, sabemos con antelación sobre amenazas, detección de operaciones, preparación de maniobras de fuerza y demás otras acciones terroristas y de diversa ejecución, mismas que se suceden a decir de algunos, por la increíble supina ignorancia de nuestros cuerpos de inteligencia. Acaecen graves sucesos sin que nadie se haya movido a sospecha ni dignado a emitir un simple aviso sobre tales particulares. 

Los servicios de información incurren casi que permanentemente en negligencia, sin que los cobije confusión o exculpación alguna. Somos hoy más que nunca franciscanamente pobres en materia de seguridad estatal, a pesar de contar con medios económicos y técnicos a disposición.

No hay, se comenta, quien dirija con suficiencia tan importante tarea de Estado, hasta el punto de calificarse dicha gestión como inoperante, con la terrible consecuencia de afectar en materia grave y en alto grado induciendo a error a las instancias superiores de gobierno, lo que podían haber sido acertadas tomas de decisiones, que no las erráticas que se han causado como consta a la comunidad nacional y de naciones con un muy alto costo para nuestra credibilidad y confianza institucional.

Los responsables de los cuerpos de información, también se dice, parecieran responder a alguna colusión de intereses, como si la defensa de nuestro Estado de Derecho estuviera encomendada a los enemigos de la Constitución; y, como si poco o nada valieran las mayoritarias expresiones ciudadanas en favor de la democracia. La incompetencia es más que flagrante; y, sin embargo, no tenemos noticias que los responsables de la inteligencia del Estado hayan presentado su dimisión ante tan deplorable estado de la misma, inoperancia e ineficacia demostrada hasta la saciedad por parte de nuestros cuerpos de inteligencia.

La falta de una adecuada inteligencia en el país, viene generando reacciones inmediatas y negativas desde distintos sectores sociales y políticos; sin embargo, algunos funcionarios -considero que por desconocimiento del tema- tratan de minimizar tal falencia que no permite aciertos mejores en la toma de decisiones. 

Los objetivos de inteligencia cada vez se perciben más lejanos y confusos, se desdibujan sus propósitos, los yerros en esta materia se multiplican tanto inercial como exponencialmente. 

Tenemos hoy una inteligencia de Estado ausente y pareciera que dedicada a intereses que poco o nada tienen que ver con la seguridad nacional; en esencia, en lo que debería estar concentrada, de ahí que se aconseje por parte de los estrategas de inteligencia no dejarse jamás minar la credibilidad institucional como está sucediendo, dando la sensación de indefensión e impotencia social, que amerita que los responsables,

ante dicha indefensión, revisen de fondo tal situación y con sus acciones devuelvan la confianza tanto a la sociedad como al gobierno en su todo institucional. saramara7@gmail.com

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