Rubén Darío Ceballos Mendoza

Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Crece la inseguridad entre nosotros, por tener zonas olvidadas en las que se incrementa la violencia causada por las pandillas y el tráfico de drogas. Territorios estos en los que debe reconstruirse el tejido social, sumarle más fuerza pública, explorar una política de prevención distinta acorde con sus propias realidades y necesidades, con proyectos de transformación urbana y social que logre reducir los índices delictuales que registran. Es implantar e implementar innovaciones a dichos tenores, así como inspirarse en experiencias exitosas llevas a cabo en otras latitudes.

Nos urgen proyectos que respondan a aminorar la inseguridad, entender que el crimen y la violencia condicionan en inmensa medida las decisiones diarias de los pobladores, el lugar dónde vivimos, transitamos, hacemos o dejamos de hacer, afectando calidad de calidad de vida e integral bienestar, en la certeza que alcanzar un desarrollo sostenible no es dable sin seguridad y viviendo con y en el miedo, lo que deja en claro que si en realidad y verdad queremos comunidades donde se pueda vivir tranquilamente, hay que transformar sus entornos de violencia.

Homicidios a la orden del día, alta tasa de asesinatos de mujeres, un desenfrenado delito común que afectando está el bienestar y calidad de vida de las personas cada vez más, es violencia pura y dura que tiene gran costo humano y económico que deprime las inversiones; de ahí que los esfuerzos para reducir la violencia deban focalizarse en lo local y centrarse en la gente; y, razón para que los gobiernos del orden local se posicionen estratégicamente para responder a las demandas ciudadanas, por ser quienes mejor conocen las amenazas y debilidades que afectan cada centímetro y a cada habitante; sin embargo, mucho y más es le trabajo que requieren adelantar los gobiernos locales para proveer y garantizar una efectiva seguridad ciudadana, debiendo en consecuencia asumir la seguridad como un todo prioritario de su gestión, en contexto de liderazgo, de gobernanza compartida nacional y local, en la búsqueda y procura de reducir los niveles de criminalidad.

Fundamental en esto de reducir la inseguridad desde lo local es empezar por hacerse cargo de su realidad y con el gobierno nacional construir capacidades para que los actores clave puedan actuar para que el crimen en ss distintas manifestaciones no desborden las capacidades locales; alinear las acciones de los diferentes sectores gubernamentales hacia un mismo objetivo: la reducción del crimen y la violencia mejorando inclusión social y convivencia; una policía alerta para prevenir y controlar el crimen, por ser quienes mejor conocen los lugares, sus desafíos y su gente; anticiparse al crimen, enfocar los esfuerzos en una verdadera prevención del crimen; y, aplicar innovaciones y sinergias que desarrollarse deben ente el sector privado y la sociedad civil con iniciativas de seguridad pensadas desde ellos en alianza con el gobierno, tales como contribuir a profundizar en el análisis de las dinámicas criminales, en el saber que el crimen es un fenómeno complejo, que requiere soluciones en muchos frentes, como bien hemos señalado.

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