Por: José Manuel Herrera Villa*

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Solidaridad es el acto mediante el cual una persona realiza acciones en beneficio de otro sin recibir nada a cambio. Es realmente la base de la sociedad humana si se tiene en cuenta que cuidándonos unos a otros es que podemos sobrevivir. Hoy por hoy suele pasar desapercibida o no ocupar tanto espacio en nuestras vidas debido a todas las ocupaciones y temas a resolver que solemos tener, lo que hace que sea muy particular: hay situaciones o circunstancias en las que los habitantes de una comunidad se activan y ponen en juego la solidaridad más elemental, pero también hay situaciones en las que el individualismo prima y cuesta ver al otro que sufre solo sin amparo de nadie.

La entendemos la adhesión o apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, especialmente en situaciones comprometidas o difíciles. Es un valor ético que, como todos los valores, se verifica en su ejercicio, no en su prédica. Construcción social con historia que se incrementa y varía con su ejercicio.  Referente mayor para los comportamientos y acciones que requieran la presencia o realización de un proyecto. Ejercicio que se expresa y se alimenta de la proximidad, de la inmediatez, de la intimidad. Una vida social en la que los otros son diversos y, a la vez, integrados. Existe cuando el otro no me es ajeno y, a la vez, da fe, señas, de la necesidad de mi existencia.

Referente de la condición humana. Es más que una virtud o caridad, que un dar sin mirar a quien, no es un desprendimiento. Expresa una necesidad del otro que me resulta imprescindible para seguir siendo y, por tanto, una fuga de la soledad. No es un simple remiendo o socorro al otro necesitado, no es una limosna que busca encontrar recompensa. Independientemente de que esté o no inscrita como expresión curricular o disciplinar, sus actos y expresiones son consecuentes a los juegos sociales, a una práctica que puede o no estar formalizada: se da en momento de tragedias, hambrunas, muertes, catástrofes y dolores. Pero también de los otros juegos: la alegría, el disfrute, la memoria de lo pasado, la cuenta del vivir y, en todas, los ritos del acompañar, excusar y oír. De las muchas maneras y permanencias del ser compañía. Cuando ella ha sido contravenida por la autoridad o la agresión, se palpa su existencia, y si no ha sido encuevada por el miedo, sale, va y grita. No es solo acatamiento de una norma o la respuesta ante un acto de injusticia.

No es un simple gregarismo orgánico. En muchas cosas de los humanos se pueden rastrear y encontrar ancestros y similitudes animales u orgánicas. Ha habido una evolución que implica un salto a la cultura y un agregado multiplicador. Pero no es adecuado aplicar a las relaciones animales u orgánicas el término ni la idea de solidaridad. No es el simple efecto de una atracción mutua. Implica complicidades corpóreas integrales cargadas de historia que se realizan con mayor o menor profundidad o complejidad, con mayor o menor permanencia. Es un proceso de cultura y población, facilitado pero voluntario. 

Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral.

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