JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Interesa e interesara siempre incorporar los riesgos de seguridad en la toma de decisiones estratégicas, toda vez que los cada vez más difíciles entornos operacionales demuestran cómo los sólidos programas de seguridad son una parte vital para hacer negocios. No obstante, el verdadero reto interno es convencer al liderazgo corporativo de que la seguridad no debe considerarse como mera tarea operativa, que requiere el desarrollo de programas más amplios y asociaciones con las distintas partes interesadas, tanto internas como externa, ya que las empresas deben comprometerse a fondo con el desarrollo de un enfoque adecuado de la seguridad, integrándolo de una vez por todas en la toma de las decisiones estratégicas.

Es de tener en cuenta en esto, que la creciente delincuencia viene teniendo un significativo negativo impacto en los negocios, ya que las empresas tratan de hacer frente a mayores amenazas para la seguridad de sus activos, junto con interrupciones en sus operaciones comerciales normales. Estas tendencias han aumentado los costos relacionados con la seguridad, de las pérdidas ocasionadas por el robo de bienes, a primas de seguros más altas e inversiones mayores en medidas preventivas y de mitigación. Estudios realizados indican que los gastos y pérdidas relacionados con la seguridad aumentan exponencialmente cada año; siendo claro que para tener éxito, las empresas deben determinar si sus capacidades de evaluación y monitoreo de riesgos están diseñadas para guiar al liderazgo de manera efectiva cuando se trata de estrategia corporativa. Los principales responsables de la toma de decisiones deben tener una comprensión completa tanto de la situación de seguridad actual, de los posibles escenarios y de cómo cada escenario podría afectar a los negocios, debiendo establecer los planes apropiados de contingencia y gestión de crisis para garantizar la seguridad de los empleados, la protección de los activos y minimizar la exposición a interrupciones operacionales.

Para asegurar la resiliencia, los programas corporativos deben contener componentes sólidos tales como políticas y planes que abarquen la seguridad, la gestión de crisis y la continuidad del negocio; y aunque la elaboración de estos procesos escritos ya representa un paso importante en un país en el que la cultura de gestión de riesgos corporativos sigue madurando, es crucial que las empresas inviertan en componentes ligeros, como el fortalecimiento de capacidades en estos temas, a fin de mejorar la capacidad de adaptación. Las empresas todavía consideran a menudo la seguridad y la gestión de crisis como cuestiones secundarias, delegando a menudo estas responsabilidades a áreas operativas o administrativas, por lo que importa que los líderes empresariales globales apoyen el desarrollo de programas integrales localmente, cambiando ese paradigma de gestión de la seguridad.

El panorama de seguridad seguirá siendo afectado por las desigualdades sociales del país, la presencia de bandas criminales organizadas y la disponibilidad de armas de fuego. A medida que las agencias policiales del país continúen enfrentando limitaciones presupuestarias y graves deficiencias, las empresas tendrán cada vez más que contar con sus propios recursos -y estrategias de seguridad integrales- para ser resilientes en medio del complejo y, a menudo, inestable entorno de seguridad de una economía en crecimiento como la nuestra, a pesar de las triple emergencia sanitaria, económica y social que aun padecemos.

*José Manuel Herrera Villa.  Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.   

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