RUIZ FRUTOS JULIAN MARTIN

Por: Julián Martín Ruíz Frutos*

El país requiere de todas las confianzas que posibles sean, que se acuda a tope al siempre benéfico talante democrático y nunca ignorar nuestras propias realidades y necesidades, así como que se perciba lo cual en todo momento, tiempo y lugar por la ciudadanía y comunidad entera como un acto cierto de valentía política, sobre todo cuando con tales ejercicios en democracia se facilite la composición de alternativas pensando siempre en país. Es actuar cerca de la realidad y de manera permanente en beneficio y aprovechamiento colectivo, conscientes que lo necesario es caminar en la búsqueda de progreso, desarrollo, bienestar y crecimiento.

No se trata de actuar irresponsable e inapropiadamente, como tampoco enredarnos en incumplimientos, sino que se faciliten, lejos de estridencias, velar por los sagrados y superiores intereses de la población y el país, por encima de los personales o de grupos. Importa que se tiendan puentes y no que se nos acerque a los abismos de la incertidumbre y la desconfianza, cuando lo importante sería trasegar por rutas de positivos cambio y transformaciones mediante acuerdos que los garanticen para todos, lo que consolidaría la oportunidad de demostrar que los compromisos prometidos son dables de cumplirse en la realidad.

Se trata de demostrar igualmente que la ideología no debe estar por encima de los intereses del país al que se debe y tiene que gobernar bien y mejor, garantizar mejores condiciones partidos e irracionales odios. Tenemos que aprovechar de donde vinieren, todos los llamado a la responsabilidad, al compromiso, al cumplimiento de objetivos y propósitos, y nunca dejar al país en manos de la inoperancia.

Debemos entender que tenemos que ir tras certezas, razonamientos y convencimientos que faciliten y convaliden lo pactado en contexto de realidad y sustancia, en la verdad que No tiene justificación comprometerse y no cumplir, en la verdad que cumplir constituye una forma excepcional de gobernar, observar la Constitución, alejarse de tentaciones, y de arbitrariedades y abusos reiterados. Bien gobernar traduce ponderación y cabalidades que nos lleven, ojalá que con prisa y sin pausa a consolidar apoyos suficientes y progresos sin fantasías, que son de suyo, competencias esenciales del Estado, ya que gobierno y política deberían guarda una importante conexión con la ciudadanía misma en beneficio del siempre bienvenido desarrollo comunitario.

El Estado no puede despojarse desordenadamente de sus competencias como tampoco ser moneda de cambio de ideologías, y los partidos deben tener una mayor representación para negociar y convenir los acuerdos que se precisen para satisfacer el interés general en contexto de certezas y en el aserto que el poder público demanda dignidad y exige patente de responsabilidades en su ejercicio, a efecto que los ciudadanos todos podamos confiar en que el Estado no subastará sus competencias para que alguien pueda seguir en su empeño personal de poder. Sin esa certeza, a la que siguen otras, la democracia es solo una palabra, yb ello debemos tenerlo en exacta cuenta. julianruizfrutos@hotmail.com

*Abogado. Especializado en Derecho Laboral

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