MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

En lo cotidiano, habitualmente preferimos gozar de las comodidades modernas con toques vintage en cuanto a espacios, artefactos y decoración. A veces nos excedemos, pero el minimalismo nos recuerda que no requerimos mucho para vivir debidamente.

El esplendoroso París del siglo XIX fue el epicentro del terremoto cultural que gestó grandes cambios sociales que todavía resuenan. La bohemia parisina cuestionó a la sociedad pacata de entonces y generó los notables movimientos intelectuales modernos: pintura, escultura, teatro, diseño, danza, literatura, filosofía, arquitectura.… Berlín y Moscú participaron de esas tendencias iconoclastas; también, Nueva York, Madrid, Viena, Milán, Ámsterdam o Buenos Aires, entre las grandes urbes que se montaron en ese tren.

Arquitectura, diseño y otras artes van de la mano; esas disciplinas condensaron los postulados de la “belle epoque” en el Art Nouveau francés que rompió los precedentes esquemas clásicos con su lema: “el futuro ha comenzado”. Fue una respuesta a la industrialización; se valorizó el trabajo artesanal, se democratizó la belleza y se socializó el arte. Desaparecieron las fronteras entre artes mayores y menores; los objetos cotidianos cambiaron de estética y se pusieron al alcance del ciudadano común; también, el mobiliario urbano se actualizó. La naturaleza fue la inspiración y, entre sus numerosos profetas, aparecen Alfons Mucha, Klimt, Cappiello, Beardsley, Lalique, Klee, Bradely y Ramón Casas.

Europa había creado una sociedad de masas; así, industrializó la construcción y el diseño. Las respuestas no se hicieron esperar. La Escuela de Bauhaus, creada por Walter Gropius, buscaba la unión entre la utilidad y la estética; “la forma sigue a la función”. Durante la Primera Guerra maduró sus ideas; la arquitectura ayudaría a resolver los problemas derivados del conflicto. Bauhaus sentó las bases del diseño industrial y gráfico. Trabajaron en todos los aspectos de la cotidianidad, desde sillas hasta edificios, pasando por la tipografía. Allí, László Moholy-Nagy introdujo la fotografía como una nueva expresión artística. El acoso nazi casi acabó con esta influyente escuela, pero sobrevivió; recuperada después de la Segunda Guerra, fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Aún mantiene una importante preponderancia en las escuelas de diseño, respetando sus posturas iniciales. “Arquitectos, escultores o pintores debemos regresar al trabajo manual”. Gropius buscó siempre borrar fronteras entre artesanos y artistas.

Poco antes de la Revolución Bolchevique aparece el constructivismo ruso de Aleksandr Ródchenko, el cual tendría mucha influencia en la arquitectura y la propagandística soviética. También fue significativo el neoplasticismo holandés de Piet Mondrian, caracterizado por colores primarios y planos, así como la “ausencia de tema”, realmente, deconstrucción. Junto al cubismo o el surrealismo, esos movimientos tienen similitudes conceptuales y muchos puntos de contacto, particularmente en la geometría y los colores; para el ojo entrenado, es clara la diferenciación entre ellos.

El art decó amalgamó todas esas tendencias, incluyendo el futurismo de Marinetti. Tuvo su auge entre las dos guerras mundiales, pero se extiende hasta los años 60. Utilizó las innovaciones de entonces para desarrollar sus formas: la aviación, la iluminación eléctrica, los rascacielos o la radio, y a ellas les devolvió elegantes diseños. Nace en Francia, pero Estados Unidos lo lanza al estrellato. Miami cuenta con un bello distrito art decó, hoy recuperado. Napier (Nueva Zelanda) se proclama como capital mundial de este estilo, compitiendo con Bombay. Kaunas (Lituania) o Timisoara (Rumania) poseen numerosas edificaciones bien conservadas. Barranquilla, con Alberto Carrerá, y Bogotá, con Leopoldo Rother, exhiben bastantes edificaciones de art decó, muchas descuidas o modificadas.

La Ciudad Universitaria es claro ejemplo. En Medellín, el Museo de Antioquia es una joya de esta corriente.
El diseño actual, más pegado a la realidad, reúne muchas de estas tendencias sin seguir a ninguna en particular; la tecnología le da una vida distinta. Hoy se destaca el interés por la sostenibilidad, el reciclaje y los nuevos materiales, con énfasis en lo artesanal y la responsabilidad social. Al final, decide el gusto y el bolsillo del consumidor. Hoy, el abanico de opciones es infinito, y ningún estilo predomina. El eclecticismo manda la parada.

*hernandopacific@hotmail.com – Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista

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