Por: José Manuel Herrera Brito

Partidos y líderes son a lo largo de varias centurias protagonistas del poder político. Los partidos, para que como tal lo sean y funjan en condiciones que pudiésemos llamar óptima, importa, además de necesitar tiempo prudencial para su fortalecimiento, contener entre otros aspectos, entidad, identidad, institucionalidad, ideología, legalización, oferta, organización, programa, equipo, plan, proyecto, estructura, recursos, raigrambre, prestigio; a diferencia de los líderes, quienes normalmente menestan de circunstancias que saben aprovechar y suerte. Su nacer se da la mayoría de las veces, en momentos de coyuntura. Entienden que no es aprovechar la oportunidad, sino saber cuál es.

El líder utiliza fachadas organizacionales para aparentar formaciones partidistas; pero a diferencia de los partidos, no todas las veces trasciende a los grupos que conforma. Históricamente hay partidos sólidos, pero casi nunca resultan líderes reales que vayan más allá de lo que les reporta la burocracia y todo cuanto ella representa; de ahí la importancia que tengamos para todos los efectos líderes creíbles y partidos robustos. No líderes que necesiten de un pretexto (normalmente sólido), de un enemigo real que deba tener culpas, como tampoco de uno fingido, para lo que se necesite. Es mi parecer que son estos, tiempos para partidos robustos y líderes reales y creíbles; de no haberlos, significa que no se tiene política, sino politiquería y es eso lo que veo nos está aconteciendo.

Requerimos partidos políticos robustos. Sin fuerzas políticas no hay democracia y es mucho aun lo que debe avanzarse en su profundización y fortalecimiento, razón por la cual coadyuvante del robustecimiento de la estructura democrática deberían ser los partidos políticos, en la medida que sean piezas fundamentales en el funcionamiento de la democracia, la cual no es posible sin partidos políticos; y si bien las fuerzas partidistas no son ni deben ser los únicos canales de participación política en una democracia fuerte y participativa, no lo es menos que sin partidos no podemos pensar en un sistema democrático.

Igualmente, para que la simbiosis sea perfecta, indispensables son líderes ciertos, reales, que inspiren credibilidad y desarrollen relaciones de colaboración efectivas. La credibilidad se construye con actos, actitudes. Un líder debe poner especial atención en ofrecer buen ejemplo, tener carácter, poner en orden valores y principios. Cumplir lo que dice que va a hacer. Ser congruente, coherente entre palabras y hechos, lo que lo hace creíble. Que sepa escuchar, pues la credibilidad se consigue acercándose a escuchar a los demás, compartiendo experiencias personales, intercambiando conversaciones y participando en el diálogo. De la misma manera, desarrollar un conocimiento a profundidad de los valores y deseos colectivos. Interesarse por los asuntos, ascenso y bienestar de todos. Fomentar el espíritu colectivo, ir por el mismo camino que los seguidores y hacer converger sus objetivos y aspiraciones con los de los demás. saramara7@gmail.com

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