Por: José Manuel Herrera Brito

Falleció en días pasados en la noble e hidalga ciudad de Santa Marta, capital del departamento del Magdalena, el doctor Pablo López Sequeda, pérdida irreparable que nos causa profundo dolor. Ilustre profesional del derecho. Padre y familiar ejemplar. Esposo amantísimo. Gran señor. Amigo entrañable, integérrimo y siempre dispuesto a darse a los demás como consta a quienes lo conocimos. Casado en primeras nupcias con Doña Adela Lacouture Cruz, hogar en el que nacieron Pablo José, Carlos Manuel, María Antonia y Martha Beatriz. Luego de enviudar, fue su segundo matrimonio con Doña Lourdes Hugett, unión en la que nacieron José y Lourdes Patricia, a quienes junto con los míos presento mis condolencias y solidaridad infinitas, así como a su familia toda.

Plasmó a todos los actos de su vida, la preocupación por que todos avancemos por rutas de progreso individual y colectivo en ámbitos ciertos de estudio, análisis y reflexión. Reconocido su vital aporte como servidor público, como miembro del partido conservador, su decidido compromiso con la comunidad samaria y magdalenense, a la que pensó idealmente como una sociedad en la senda de unos territorios de desarrollo comparables a los grandes de la región, y el país. Muchas fueron las horas compartidas. Grande amigo de mi padre, a quien acompañó en sus últimos instantes de vida.

Altruista, íntegro, bondadoso, transparente. De condiciones, cualidades y calidades morales y éticas excepcionales. Recto, responsable, honesto, sincero, honorable, sencillo, humano, servicial, humilde, firme, flexible, caballero, cariñoso y gran don de gente. Trataba a todos por igual. Su amabilidad rompía los hielos más duros. Dotado de un natural instinto y ayudado por su diplomacia innata, resolvía los conflictos por difíciles que fueran, con pasmosa sencillez. No le interesó el poder, pero cuando lo detentó, lo hizo con maestría. Su principal característica como jefe y así lo hizo en el Sena, lo que es fama, fue la conformación de equipos de trabajo con proyectos que estimulaba permanentemente. Le gustaba delegar, y apoyaba firmemente a sus equipos.

Lo principal para él siempre fueron las personas, se preocupaba y esmeraba por inventar muchas ocasiones de encuentro social en las que se generaban fuertes lazos de amistad y compromiso con el proyecto común. Estuvo, asimismo, siempre preocupado del bienestar de las personas que trabajaban en su entorno, especialmente de los más vulnerables. Sabía llegar a todos, acompañando en momentos de dificultad, y apoyando cuando era necesario. Siempre alrededor de él surgieron innumerables relatos de personas que recibieron su cariñoso consejo y ayuda de manera anónima.

Hombre bueno, consagrado, serio, virtuoso, amable, generoso, agradecido y especial sentido del humor. En nombre de quienes lo conocimos, quiero decir gracias por tu amistad, consejos, compañía, ayudarnos a ser mejores personas. Por tu fe, por dejarnos un recuerdo limpio, por tu transparencia, inteligencia y creer que podemos ser con humana disciplina mejores personas y si lo queremos y nos proponemos, hacer de Santa Marta y el Magdalena, una mejor ciudad y un mejor departamento. Del Caribe y Colombia una mejor región y país. Gratitud eterna. Hasta siempre grande Pablo. saramara7@gmail.com

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