Por: José Manuel Herrera Brito*

No se justifica bajo punto de vista alguno en ninguna entidad territorial por pequeña que esta sea, divisiones y odios que llevan al traste y obstaculizan toda acción de avance, progreso y general bienestar; máxime cuando hoy por hoy tenemos que pendientes estar de superar y sobrepasar los retos sanitarios, sociales, ambientales y económicos entre otros muchos que acusamos, consecuencia de la emergencia que aún padecemos y demás otras falencias y desajustes que acumulados nos vienen en el tiempo. Son la situación que vivimos y necesidades que tenemos, preocupantes, complejas y alarmantes, a lo que se suma una grande fragmentación social y reyertas entre facciones políticas, sin duda una barrera a derribar más pronto que después, so pena de tener que pagarlo con mayor atraso y retroceso en detrimento de todo desarrollo y crecimiento, así como la anhelada y anhelante superación a todo nivel que nos debemos.

Desde hace tiempo la historia de la humanidad registra que diferencias ideológicas y de opinión han existido siempre, lo que ha enriquecido inmemorialmente un debate generado como resultado del cruce e intercambio de ideas y perspectivas que hacen real y verdaderamente rica y provechosa la vida en democracia, particularmente cuando el propósito es crear consensos, aclarar, solucionar las determinadas situaciones que presentarse puedan y no trasladarlas, lo que es desafortunado sobremanera, a las redes sociales que han sido utilizadas como escenario dañino de peleas y almácigo de odio, resentimiento, enemistad, animadversión, antipatía y división.

Pasamos en las redes del diálogo, intercambio de ideas y deliberación, a insultos y descalificaciones. Somos testigos diarios de odios y escasa reflexión, haciéndonos como sociedad un grave e irreversible daño de no corregir tal actuar. División y odio nos minimizan, empequeñecen y hacen pedregoso e intransitable la ruta para alcanzar objetivos, beneficios mejores y superar falencias, cuando lo importante y urgente es avanzar hacia una sociedad mayormente solidaria, empática, unida, fuerte y no seguir alimentando situaciones que nos llevan a hundirnos en lodazales de ignominia.

En gracia de discusión. diría que son entendibles descontento, desesperanza e incertidumbre debido a las muchas necesidades y pocas posibilidades para superarlas; y, aunque la emergencia es de orden mundial, cada territorio enfrenta sus propios desafíos en forma particular, ya que se agravan situaciones por la falta de ingresos, escasa medicación, inseguridad y otras circunstancias indignantes y preocupantes.

De nada sirven división, odios ni ataques en distintas vías, ya que ello solo nutre inequidades, disputas, desigualdades y violencia. No es callar, estar de acuerdo, converger o coincidir todos y en todo, sino entender y de paso comprender que una cosa son las diferencias que enriquecen culturalmente, y otra dividirse por pensar distinto, lo que sin remedio nos enfrenta, debilita socialmente y genera fanatismos. Estamos en ámbitos ciertos de polarización y confrontación social, resultado de la diferencia de opiniones, lo que de lejos complica e impide a un territorio salir avante como unidad administrativa, toda vez que inmersos estamos en situaciones tales como discriminación, violencia, irrespeto, odio, hostilidad, menosprecio, descrédito, negativismo, rencor e intolerancia. No deja ni dejará lo cual superarnos económicamente, como tampoco crear empleos y cerrar la brecha de desigualdad entre géneros y grupos sociales.

Superamos esto que nos viene aconteciendo en vía de reconciliación, de reorientación, y usamos la libertad de expresión para integrarnos, articularnos, armonizarnos, cohesionarnos, generar fortalezas y canalizarnos hacia acciones significativas que permitan subsanar los muchos pendientes que tenemos como pueblo, especialmente respecto de los menos favorecidos por la diosa fortuna, o irremediablemente no quedará camino distinto a sucumbir para desgracia de todos. saramara7@gmail.com

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