JOSÉ MANUEL HERRERA BRITO

Por: José Manuel Herrera Brito. saramara7@gmail.com.

Se ha dicho siempre y en ello coinciden los más importantes expertos universales de tan especial como vital asignatura, que ”Los Estados que no tienen gobiernos con autoridad central para ejercer el monopolio de la fuerza van dejando “espacios desgobernados” que ocupan fuerzas opositoras que atentan contra su estabilidad y amenazan con llevarlos a “Estados fallidos”, lo que con el paso del tiempo se ha comprobado hasta la saciedad y terminando por ser una realidad tanto verdadera como incontrastable.

Los Estados, especialmente cuando son reputados como serios, para sobrevivir deben tener gobiernos con un sistema político, económico, social y de seguridad que garantice el bienestar de la población; además, deben usar el arma de “Inteligencia”, que en ciclo permanente recolecte indicios, oriente la búsqueda, analice y concluya qué tipo, composición y fuerza tienen las amenazas, base para realizar operaciones de neutralización. Es ir de la mano siempre con la inteligencia estratégica.

Es entender de una vez por todas que ella, la inteligencia, es el proceso sistemático de recolección, evaluación y análisis de información, cuya finalidad es producir conocimiento útil para la toma de decisiones.

Estratégicamente hablando, es un concepto tradicionalmente empleado en contextos militares, de defensa e incluso como secreto gubernamental, aunque existen tímidas aplicaciones de índole académica y administrativa. Conceptualmente, la inteligencia estratégica es la combinación de diferentes herramientas utilizadas actualmente de forma independiente. La investigación parte de un análisis de la literatura con técnicas bibliométricas, identificando líderes, redes de trabajo y dinámicas en publicación, obteniendo como resultado que actualmente la literatura no reporta una definición específica que sea aplicable en contextos gerenciales y administrativos. Es un proceso para gestionar la inteligencia estratégica organizacional, concebido desde la integración estratégica para garantizar la gestión de la innovación estructurada, el incremento de la productividad y la competitividad, en lo que también convergen los expertos.

Es claro y de ello hay muchos ejemplos, un gobierno débil lo es por cuanto no usa como debiera el monopolio de la fuerza, deja libres espacios desgobernados a las fuerzas desestabilizadoras y permite el avance de las fuerzas oscuras. Existen en ellos indicios que a la par de tales Estados así conducidos, se organizan a sus anchas estructuras paralelas de inteligencia, muchas veces más óptimas que la de los mismo Estados, que son manejadas políticamente por activistas profesionales que forman parte de grupos al margen de la ley de diverso orden y distintos orígenes, naturaleza y propósitos que encuentran los caminos expeditos al hallar en su camino gobiernos carentes de carácter, que además no cuentan con una verdadera inteligencia estratégica de Estado que neutralice todas y cada una de esas peligrosas amenazas, manifestaciones y estructuras en bien y al servicio y aprovechamiento de los asociados. 

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