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Por: Nilsa Villota Rosero

Desde hace más de diez años la economía de la globalización acuñó los principios del emprendedurismo como una respuesta superficial del neoliberalismo. La incapacidad del Estado de atender las demandas laborales y la posibilidad de generar nuevas fuentes de empleo, terminó por configurar en la idea, para nada nueva, del denominado “emprendimiento”, como una solución puesta en las manos de la fuerza laboral para que sea responsable de su propio destino.

De esta tendencia nadie ha podido escapar, tampoco nuestra ciudad. Pasto cuenta con una tradición económica basada en el comercio, en la pequeña empresa, en la demanda y oferta de bienes y servicios; en la memoria de los oficios artesanales y creativos, con un mínimo índice de producción industrial y un ligero asomo en el sector de la agroindustria. En ese contexto, la idea de generar emprendimientos resulta medianamente atractiva, sin embargo, el impulso empresarial requiere ir más allá de los entusiastas anhelos que envuelven a la moda del emprendedurismo.

Un municipio como Pasto puede convertirse en una ciudad que jalone dinámicas económicas de mayor dimensión. Sin embargo, es hora de replantear asuntos sensibles como los beneficios tributarios, la facilidad de crear y sostener el entorno empresarial, disminuir la engorrosa tramitología y espantar los fantasmas que rodean a la idea de generar empresa.

Hoy, más que nunca, se requiere de la gestación de escenarios de conversación efectiva entre lo público y lo privado. La responsabilidad del Estado debe ir de la mano de la buena voluntad de las y los empresarios, comerciantes y dinamizadores de la economía. Estamos en mora de generar una atmósfera que favorezca, tanto la generación de empresa, como la sostenibilidad y proyección de las ya existentes. Lo público debe generar confianza en lo privado y lo privado debe ser un socio efectivo del progreso económico de la ciudad.

En la idea tradicional de que lo público es aquello que pertenece a todas y todos, también debe involucrar al sector productivo como una fuerza viva con quienes se debe y puede generar alianzas estratégicas, reales, efectivas, eficientes y transparentes en las que la legalidad de la ganancia económica y los réditos del comercio, no compitan con el interés de producir otro tipo de ganancias, lo intangible asociado al bienestar colectivo.

El emprendimiento se constituye en lo que es, en un primer paso, en la determinación, en la fuerza de quien decide asumir un nuevo reto personal, pero no debería quedarse en ese nivel de gestión comercial y productiva. Pasto requiere fortalecer sus empresas y provocar un entusiasmo para la creación de nuevas dinámicas económicas en áreas como la ciencia, la tecnología, nuevos servicios, agroindustria, procesos amigables con el ambiente, zonas francas y habilitar una zona de frontera que vaya acorde a las necesidades contemporáneas.

Emprender sí, con miras a generar empresa, agroindustria, holdings y otras estructuras macro para abordar, junto a la educación, una nueva economía para la capital de Nariño.

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