Álvaro BELTRÁN PINZÓN

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El centro es un espacio político, dinámico y de tensión, en donde tiene cabal expresión el pluralismo. Lugar privilegiado en el que la verdad debe servir de fundamento para el diálogo, para la transparencia de los acuerdos. Ha de ser el punto de convergencia de todas las vertientes del pensamiento, en una deliberación inteligente, regida por la concordia y el espíritu de tolerancia, con el objetivo de encontrar la cohesión y la unidad de acción, tan importantes y necesarias en los momentos de crisis.

La polarización representa un peligro para la democracia. Esta tentación que emerge en las sociedades y naciones con dificultades, cuando se apela a fórmulas extremas como medidas de salvamento, solo abre las puertas a los totalitarismos, como lo ha señalado Hanna Arendt. Al radicalismo de las promesas; la exacerbación de miedos, resentimientos y odios, y, por supuesto, al recurso de las violencias. A la siembra de incertidumbres y despertar de esperanzas fantasiosas, cuyo incumplimiento, además de frustración, puede conducir a la anarquía o desembocar en la tiranía.

En estas épocas es común menospreciar la historia y dar la espalda a la memoria. No es razonable desatender antiguas culturas como la griega, cuna de la democracia, en la que tuvieron notable influencia las famosas sentencias de los siete sabios: La moderación es lo mejor, Nada con exceso, No desees lo imposible. Nociones de la vida práctica que, con el ordenamiento del Estado, se convirtieron en valores cívicos perdurables. Enseñanzas que no se deben despreciar, para dar paso a la audacia de denostar del centro y desacreditarlo para fortificar y atrincherar los sectarismos; derrumbar a cambio de enderezar las instituciones; asimilar la injusticia a una parodia; e imponer personalismos y figuras caudillistas que encarnan mesiánicas soluciones. 

El centro nervioso de la democracia está constituido por principios y no por individuos. Por la voluntad de honrar los acuerdos establecidos, en aras del bienestar colectivo; de procurar un desarrollo sostenible, sustentado en una educación sólida y pertinente; buscar el orden y equilibrio de la sociedad, según ineludibles premisas de equidad y de claras oportunidades para todos.

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