Álvaro Beltrán Pinzón

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En reciente entrevista, el historiador Malcolm Deas manifestó que el análisis de la crisis en la que está sumergida nuestra Nación se dificulta al no poder precisar las demandas de los manifestantes ni tampoco identificar su liderazgo. No obstante, por tratarse de un movimiento tan prolongado, sin lugar a dudas, posee un profundo sustrato de descontento e insatisfacción. Por supuesto que no es totalmente espontáneo, se veía venir, tenía fecha anunciada y existen grupos infiltrados que lo han tornado en expresión violenta.

La debilidad e incompetencia de un Estado desbordado por las circunstancias ha desnudado la fragilidad de las instituciones. Sobresale la arrogancia del partido de gobierno, Centro Democrático, que no logra escapar del pasado, y se percibe funesta la ausencia, o el oportunismo, de las demás agrupaciones políticas tradicionales, que se aferran a la idea según la cual Colombia se puede seguir gobernando en provecho propio y con promesas incumplidas.

Conviene tomar en consideración los resultados de la encuesta de El Tiempo y la Universidad del Rosario, elaborada por Cifras & Conceptos, que auscultó las motivaciones del comportamiento de los jóvenes, protagonistas de la protesta. El 92% manifiesta rechazo al gobierno, y los mueven sentimientos de tristeza, ira, miedo, frustración, rabia, desagrado y desilusión, palpables en estas jornadas. En contraste, debe resaltarse que el 87% de los encuestados estima que el voto popular es válido como forma para transformar y solucionar los problemas del país.

Parece coincidir esta percepción con la apreciación del historiador Deas quien cree que no se dará una revolución inmediata, ni un salto al vacío, pero que sí es urgente adelantar reformas ciertas, precisas y realistas, que son las que alientan mayor posibilidad de éxito.

Estas consideraciones permiten inferir que solo en los comicios programados para el 2022 se dirimirían las razones del malestar, indignación e inconformidad que acompañan a un amplio sector de la población colombiana. Circunstancia que conlleva a dos preguntas: ¿Alcanzará el País a sobrevivir un año con esta nueva anormalidad? ¿Qué sucederá si las próximas elecciones no decantan una promisoria representación y terminan siendo una frustración más?

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