Por: Julián Hernández Gutinico*
Interesante sobremanera será siempre, así muchos por ignorancia lo descarten, retornar a nuestro origen, a nuestras raíces, que son esencia, escudo y valor del conocimiento de ayer ante los retos del porvenir. No nos damos cuenta que provee lo ancestral una coraza espiritual en los procesos de transformación profunda que avanzan sin parar, vertiginosamente, arrasándolo todo, lo que por ende implica adaptarse, dialogar con nuevos ambientes, lo que supone una reconfiguración de la forma de habitar el mundo; transición en la que surge la necesidad crucial de reformular las estrategias de prevención y preparación ante las amenazas de desarraigar el conocimiento ancestral, lo que es, además de una pena, un abuso con lo tradicional por las formas en que se pretende imponer.
No quiere comprender el mundo de hoy que importa en mucho que se adapten a todas las circunstancia los saberes y conocimientos ancestrales, lo que nos llevaría a todos a ganar, nunca a perder. Aprovecharlos respecto de cómo interpretar el mundo, los signos de la tierra, los cantos de los pájaros, el comportamiento de los animales, la siembra de alimentos. Que se comprenda que no se trata en contexto de esencia y transición de abandonar la sabiduría propia, sino de aportarla para ayudar a transformar desde el propio y milenario conocimiento que se tiene.
El saber, el conocimiento ancestral de los pueblos originarios enfrentan cada día y cada vez más enormes retos, expuestos están a múltiples amenazas que los afectan de forma desproporcionada; de ahí que frente a estos desafíos, los saberes ancestrales deben demostrar ser un pilar fundamental para la resiliencia. Dichos conocimientos y saberes, transmitidos de generación en generación, permiten a todo, de comprenderse, anticiparse y adaptarse a la ocurrencia de diferentes tipos de eventos, ya que proporcionan maneras de entender las alertas, por lo que debería tenerse la sensibilidad de enseñar esto a la juventud rnm beneficio de sus propios intereses, en la certeza que ellos tienen la llave de los problemas actuales, por lo que es más que necesario que ambos conocimientos dialoguen.
Tenerse en cuenta debe que el conocimiento ancestral no solo se traduce en prácticas, sino en una conexión simbólica y espiritual con la naturaleza. Desde la interpretación de los signos de los animales hasta la observación de los ciclos de la luna y el comportamiento del clima, los pueblos ancestrales han desarrollado sistemas de alerta temprana que ahora deben dialogar con los sistemas de monitoreo científico.
Los muchos desplazamientos que existiendo vienen dándose en distintas latitudes del orbe afectan de una u otra forma los saberes ancestrales, que se ven obligados a transformarse y enfrentar la disrupción de sus prácticas tradicionales por los cambios en todos los sentidos, por lo que debería asegurarse establecer cambios que sean culturalmente apropiados y efectivos. Visibilizar la necesidad de integrar los saberes, ya que reconocer los saberes de los pueblos es esencial, además, que se necesitan espacios de concertación de intereses en igualdad de condiciones, y para conseguirlo, el trabajo en red es esencial.
Lo ancestral enfrenta múltiples desafíos, pero igualmente tienen la posibilidad de contribuir a la resiliencia global, tales como su aporte en cuanto las prácticas de manejo del entorno, que son ejemplos del valor de ese conocimiento. Frente a los muchos riesgos en distintas regiones con tanta diversidad y riqueza cultural, el conocimiento ancestral juega un papel clave en el aprender a anticiparse y adaptarse, toda vez que las prácticas de manejo del entorno y demás otras situaciones y circunstancias, las espirituales entre ellas, desarrolladas durante siglos, evidencian una visión y resiliencia que integrada en el mundo actual, complementa los conocimientos científicos y aportan soluciones, como demostrado está a lo largo y ancho de la esfera planetaria.
Interesa en y para todo lo cual, lograr que los gobiernos y las instituciones reconozcan y valoren estos conocimientos y saberes ancestrales, integrarlos, promover su intercambio y la creación de canales que faciliten la recopilación de experiencias y metodologías exitosas, para así suplir la necesidad de adaptar sus conocimientos ancestrales a un mundo en constante cambio. Adaptación que no significa dejar atrás las raíces, sino más bien de transformarlas para responder a nuevas realidades y tener la capacidad para combinar lo ancestral con lo moderno, poner a dialogar los conocimientos tradicionales y la ciencia. No se trata de cambiar culturas, como tampoco cambiar la identidad de los pueblos con sus saberes, tradiciones y conocimientos, sino seguir amando la cultura propia y propiciar que aporte a la construcción de un mundo mejor para todos.
*Comunicador Social. Periodista. Maestro Ancestral. Asesor Espiritual.

