Economista Omar Escobar

Por: Ec. Omar Escobar

Muchos artículos relacionados con la calidad educativa en las universidades, refieren como la pandemia aumentó la brecha en la calidad académica entre las instituciones educativas del sector  privado y público. Según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, basada en las pruebas de Estado del año 2020, “evidenció una caída en los puntajes promedio de las áreas de lectura crítica y ciencias naturales de los estudiantes de colegios oficiales. Por otra parte, los puntajes para los estudiantes de colegios privados aumentaron en todas las áreas, excepto en lectura crítica, que se mantuvo igual al año anterior. Lo anterior implicó un aumento en la brecha en el puntaje global de la prueba Saber11 de 5 puntos en contra de los estudiantes que asisten a colegios oficiales frente a los estudiantes que asisten a instituciones privadas”. Al parecer, las universidades privadas tuvieron más éxito pues los estudiantes presentan un rendimiento superior al pasar del 24 a 29.5 puntos entre 2019 y 2020.

Cabe tener en cuenta el contexto de los usuarios de los dos establecimientos; el estudiante del establecimiento privado tiene un compromiso pecuniario y acata un contrato bajo premisas fijas y un contexto institucional, ya resuelto. Sin embargo, el estudiante de la universidad pública, acude a un establecimiento donde hay incertidumbre desde lo financiero en lo personal e institucional; en lo académico, lo político e incluso en lo ideológico, donde su participación como estudiante, a veces, es crucial para resolver problemas institucionales que afectan su vida. En fin, son factores que consumen tiempo y atención en su objetivo académico.

A parte de esta anotación, se observa que el nivel de aprendizaje, es bajo respecto a otros tiempos. Una de las causas, las reformas educativas en occidente llevaron a flexibilizar la exigencia académica, que no es compatible en una época donde está en auge, no las bondades de la virtualidad, sino las redes sociales.

El sistema educativo, en vez de hacer reformas de contenido, se enfocó en evitar el fracaso académico del estudiante, bajo la óptica de los derechos de los jóvenes. Así, las cosas es un riesgo para los docentes que impongan castigos por tareas incumplidas y el estudiante tiene prioridad antes que la institución –pública-.

El conocimiento perdió su batalla frente al poder de la virtualidad y desencadenó el deterioro de las capacidades de aprendizaje en las nuevas generaciones. Estos al no adquirir conocimiento se contraponen con una intensidad emocional ofrecida por las redes sociales que no lleva sino a la ignorancia adquirida, por efecto directo.

El síndrome de Stendhal, puede servir de apoyo puesto que hoy la población vive polarizada gracias a las emociones extremas de alegría o tristeza, cayendo incluso en el delirio. Las emociones humanas dotan al ser humano de energía suficiente para prescindir del conocimiento, conduciendo al camino fácil del idealismo. De tal manera que la falta de conocimientos no solo desemboca en la ignorancia, sino en el autoengaño, propio del idealismo subjetivo… los sujetos concluye que no necesitan del conocimiento para triunfar en la vida, sino de las buenas relaciones sociales y políticas para subsistir…

Justo en este momento, donde la IA – poseedora de información- desplazará a una buena parte de la población laboral, se hace prioritario una reforma profunda al sistema educativo que garantice un modelo científico-cultural, base de la competitividad y del desarrollo. Más creo que imperan las leyes del mercado antes que las leyes del Estado, y seguirán dominando  los negocios de los particulares sobre el Estado. Para ejemplo el hundimiento de la reforma de la salud que pretendía evitar la intermediación de los ciertos personajes en las EPS, que las llevaron a la quiebra… En lo sucesivo, la brecha académica seguirá su curso; más en lo cualitativo que en las tediosas cifras.

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