Rafael Robles Solano

Por: Rafael Robles Solano*

Una vez conocidos los resultados electorales de la segunda vuelta con el inobjetable triunfo de Gustavo Petro, observamos cómo se desprenden consideraciones y situaciones sobre las que necesariamente toca analizar, valorar y superar, me refiero en especial al compromiso que le surge con el país y que tienen las fuerzas representativas del Pacto Histórico dentro del Congreso, quienes ahora tienen la obligación de saber maniobrar para sortear las marcadas resistencias que con seguridad van a enfrentar con los grupos políticos y los partidos tradicionales depuestos de sus hegemonías gubernamentales y burocráticas, los que se les enfrentaran como oposición.

Difícil y complicado es dimensionar en estos momentos la magnitud de los daños o los perjuicios resultantes de las desafortunadas campañas sucias y mensajes de odio que circularon vergonzosamente durante estos últimos meses. Pero no existen alternativas para enfrentarlos, toca acercarse a ellos procurando minimizar sus prevenciones y tratar de llegarles en medio de escenarios conciliadores, que permitan como dijo el presidente electo, facilitar una transición hacia un Pacto de Unidad Nacional.

Es deplorable observar cómo desde algunos sectores y voceros representativos de la extrema derecha más radical, en sus primeras declaraciones públicas, exteriorizan sus no superados resentimientos y rencores hacia la figura de Gustavo Petro, de sus congresistas y en general de sus seguidores más leales, asumiendo posturas que no son consecuentes con el enorme resultado electoral a favor de su candidato Rodolfo Hernández, quien pese a su derrota, obtuvo una cantidad de respaldo sorprendente de más de diez millones de votantes. Evidenciando así el que la polarización y fragmentación que actualmente divide al país está presente y lo que es peor, como se dice coloquialmente, continúan “respirando por la herida” lo cual no deja de ser una amenaza latente contra necesaria la gobernabilidad del nuevo equipo de la administración pública, sino hasta peligroso para la estabilidad institucional que con urgencia necesita Colombia.

Concurren de una parte sobre el nuevo gobierno muchas dudas, desconfianzas y prevenciones por la demagogia populista y de la restante, o sea, paralelamente de los que votaron por ellos, apreciamos que tienen fundadas muchas de sus esperanzas en acceder a aquellas reivindicaciones sociales que les permitan salir de sus condiciones de marginalidad y pobreza, entre tantas otras necesidades básicas insatisfechas que abundan en medio de tantas poblaciones de las regiones más olvidadas del país, quienes en su mayoría no tampoco cuentan con agua, acueductos, centros de acopios para sus cosechas, con carreteras terciarias que les permitan sacar y comercializar adecuadamente sus productos, escuelas, centros de capacitación y en especial, que requieren dejar ser  víctimas de los desplazamientos colectivos, las amenazas y asesinatos de sus líderes comunitarios, de los defensores de los derechos humanos y de quienes buscan la recuperación de las tierras de donde fueron erradicados violentamente, del asedio de los grupos delincuenciales que los persiguen, de las insurgencias residuales, de los narcotraficantes de drogas ilícitas, de los traficantes de minería ilegal, de los que están desforestando inmensas zonas selváticas, en fin, del conflicto armado que sacude a dichas regiones.

Para terminar, confío en que los colombianos reflexionen y recapaciten con nobleza, para poder facilitar al nuevo gobierno el ir desplegando no solo las acciones propias de su cargo, sino que además vaya resolviendo con el concurso de todos, los múltiples proyectos y propuestas anunciadas durante su campaña.  

*Rafael Robles Solano. Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. lideresocial@hotmail.com

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