Por: José Manuel Herrera Brito

Avanzan en el país fuerzas oscuras, con líderes abominables, fatídicos, deleznables en su pensar y de protervo sentir, lo que se percibe en sus decisiones; mismos que de llegar a regir los destinos patrios, marcarían el principio del fin de la República. Son los suyos claros signos e intención definida de proceder a nuestra gradual estatización (estatalización o estatificación,​ es el conjunto de disposiciones y operaciones mediante las cuales el Estado asume, en forma variada, la administración de empresas privadas, de grupos de empresas o de la totalidad de ciertos sectores económicos manejados con anterioridad por particulares), lo que se confirma con las instrucciones que les conocemos, orientadas a seguir contaminando el cuerpo sano que aún le queda al país, como clara es en ellos la orientación populista en su manera de priorizar, con mezquinos aportes, el financiamiento de los programas sociales con evidente intención electoral, mientras mantienen reducido el de las pymes.

Expresiones y actuaciones en este sentido van y vienen, así como criticar sin sentido, oponerse y propugnar por que se reduzcan los apoyos a la acción privada en toda labor social, prueba de que se quiere a futuro convertirnos en un estado de dictadura socialista. Se nota en ellos su aversión y descalificación al capitalismo empresarial lo que nada resuelve, no obstante saberse que, aunque los problemas siguen siendo, las soluciones deben ser consensuadas y sin perversidades, pues todo ha cambiado y en tal medida deben darse derroteros y soluciones, máxime cuando agudizados están los problemas socioeconómicos en el capitalismo como en el campo de las izquierdas.

Los fracasos de los sistemas socialistas, de corte comunista y las injusticias del capitalismo empresarial están a la vista y estallan en protestas. Las inconformidades cunden con violencia, se claman reformas, se piden conciliaciones y cooperaciones, formas mejores de consolidarnos como sociedad, lo que obliga propuestas de responsabilidad social de esquemas fiscales y de solidaridad, dentro del respeto a la propiedad privada. Conciliamos los polos opuestos o nada habría que hacer.

No puede ser que, en vez de cerrarse, se ensanche la brecha ricos/pobres, lo que hace urgente la tarea socioeconómica. Es intentar un esfuerzo articulado gobierno/privados para producir justicia social, empleo y general bienestar camino a un colectivo progreso. De no ser así, seguiremos presenciado el fracaso de los regímenes en todo el planeta que le apostaron a sistemas centralizadores y autoritarios que generaron costosas burocracias, corrupción, hambre y carencias. Ningún estado centrado en una sola persona como único rector ha logrado articular las fuerzas de una sociedad hacia la justicia y prosperidad como fin superior.

Tenemos que llamarnos a la unidad nacional con corresponsabilidades, empeñarnos en la tarea de combatir hasta eliminar la invasora e invasiva corrupción que afecta en materia grave todos los rincones del país, lo que nos fortalecería y consolidaría como un verdadero Estado de Derecho. saramara7@gmail.com

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