Por:Di. Ma. Antonia Martínez M

Según datos histórico a la fecha, más de nueve millones de personas han sido desplazadas por violencia armada Colombia. La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios/OCHA , informa que al menos 31.834 personas de pueblos afro colombianos y comunidades indígenas Awa han sido afectas en el departamento de Nariño, en este año.

“Hombre, mujeres y niños, ven su futuro truncado, comunidades rurales completas, grupos étnicos, afectados todos, en su cosmovisión en lo mas profundo de sus estructuras socioculturales y socioeconómicas, dejando grandes vacíos y sus vidas a la deriva”

Muchas acciones se ha realizado al respecto, el Estado, ONGs, y entidades de cooperación internacional intercediendo y asistiendo a la población, todos valiosos esfuerzo, algunos inmediatos, otros a corto plazo, pero sin embargo, de acuerdo con el análisis de OCHA, las necesidades fácilmente sobrepasan las capacidades de respuestas institucionales,  considero por tanto, que es necesaria una  articulación integral, una proyección de atención a largo plazo y un seguimiento y evaluación continuo.  De lo contrario acciones importantes, corren el riesgo de perder su fuerza, encontrando lastimosamente victimas cada vez más dependientes,  y victimarios sin transición, que reinciden una y otra vez.

Supervivientes es el termino hoy, con toda razón, pese a sus circunstancias, hay quienes, hacen su esfuerzo, y con gran ejemplo se levantan ante tan devastadora situación, y hay quienes fueron lo que no debieron ser (victimarios), que logran  reintegrarse a la sociedad encontrando un destino digno y un mejor camino. Por ellos,  es por quien vale la pena todo esfuerzo.

En mi experiencia profesional, desde el diseño industrial, como eje articulador entre lo cultural y  socioeconómico, puedo contarles, que trabajé con personas de  comunidades  rurales desplazadas a  zonas rurales, y personas desplazadas hacia las ciudades urbanas.  miro en lo rural gran potencial en cuanto  conservan su valor agregado, su cultura, su saber hacer.  En lo urbano, solo queda la “supervivencia”, estar vivos,  como  eje motivador y como estructuración  de  su  nuevo tejido social.

Hoy hago un reconocimiento póstumo (+sep.2020) a Cecilia Bohorquez, victima de conflicto, quien llegó del oriente al sur de Colombia y quien lideró el grupo de 16 mujeres desplazadas, residentes en  San Juan de Pasto, con quien trabajé y  realicé desde el programa de Atención a Población Desplazada de Artesanías de Colombia, una asesoría de diseño en el año 2012. 

Su carácter, su alegría, su risa alegraba el día. empezamos con un taller creativo, en el que sin esperarlo, terminé conjugando las variables estéticas, formales del producto, con las psicológicas de la artesanas, salieron a la luz sus vivencias, sus tristezas… sin argumentos me quede, para entender sus realidades, re- dirigí entonces, el taller, hacia sus alegrías, sus motivaciones presentes, hacia los recuerdos hermosos de sus tierras, resultando  la naturaleza como punto de intersección, me hablaron  y dibujaron los pájaros, los animales, las flores, los arboles…. 

En el segundo taller,  les llevo algo de la tierra que las ha acogido Nariño, les presentó los animales representativos (en vía de extinción), que con alegría los escogen como inspiración Oso de Anteojos, Tucán Terlaque, Rana Tigre. Finalmente termino de estructurar la propuesta de diseño, esta vez, con mi hijo y mis sobrinas (pequeños), resultando: “Cojines abrazadores”, connotando el “abrazo” tan necesario en situaciones difíciles, pero también alegres, como símbolo de protección y amor, y con un contenido ambiental importante.

“Puedo  decir que conocí de Cecilia, su fortaleza, superación  y persistencia,  la considero un ejemplo para quienes han pasado por la difícil situación del desplazamiento. Cecilia fue clave,  líder y gestora para su grupo. Logramos  en esa ocasión una producción exitosa que tuvo su lugar en Expoartesanías 2012”.

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