Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Debe ser el discurso político, a diferencia de lo que nos tienen acostumbrados, una disertación al más alto nivel, pleno de estructuraciones, orientaciones, ideas, sólidos contenidos, congruentes, ciertos, innovadores, que impacten por su verdad y razón de ser. Nunca estrategias de campaña ahítas de simples y vacuas peroraciones para salir del paso y pescar incautos, pero que hábilmente referidas mantienen la atención de los escuchas. Es claro que en estas alocuciones que las ocurrencias, sean cuales fueren, no es de permitirles que tomen el lugar de las ideas o conceptos, para que la capacidad no sea sustituida por una lealtad mal entendida.

Hace ya algún entre nosotros, el discurso político y lenguaje con el que se toca y habla del tema de lo público y se materializan las acciones de gobierno, están por los suelos, al ocuparse de todo tipo de inconsecuencias, insustancialidades e intrascendencias ajenas de toda lógica, seriedad, responsabilidad y compromiso. Se hablan babosadas que en nasa interesan a la gente y peor aún no llevan a solución ninguna de los problemas miles que aquejan a la ciudadanía y sociedad en su conjunto.

Discurso, lenguaje, hacer y quehacer político están al nivel de párvulos, donde fantasía, imaginación, mentira, verdades a medias e ilusión determinan el hilo conductor para desgracia de su base societaria. Todo se nos responde con falacias, se recurre a absurdos montajes, se envenenan las redes sociales, se insiste en polarizar, en el sinsentido, en la evasión, el diálogo y la argumentación se troca por monólogos que se nutren de incoherencia, de desinformación y de la lisonja de aúlicos que aplauden a rabiar sin saber de qué se trata y lo que es peor, no les importa para nada, con tal de estar recibiendo migajas de poder a cambio también de la venta de sus conciencias.

Un pobre discurso matizado de un peor lenguaje traduce falta infinita de ideas; y es lógico, toda vez que nadie puede dar lo que no tiene. Estamos condenados a oír un discurso vulgarizado, noticia de gobiernos mediocres y sin éxitos que mostrar, sin realizaciones y sí con un largo catálogo de destrucciones, y aún así, de lo que seguro sin conscientes, quieren pasar a la historia como buenos gobernantes. Cinismo personificado.  

Toda esta serie de absurdas situaciones que dan pavor, parecieran estar normalizadas entre nosotros. No reflexionamos. No analizamos. No estudiamos. Huimos de los argumentos. Aceptamos todo cuanta degradación refiere. Tenemos una clase política en franca minusvalía. Pauperizada. Nos parece normal lo malo y peor, al tiempo que desechamos las ideas y exaltamos frases vacías sin soporte en la realidad. El silencio es cómplice y quien calla otorga, recordémoslo siempre, pues la responsabilidad es de todos. saulherrera.h@gmail.com *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual 

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