SAÚL ALFONSO HERRERA HENRÍQUEZ

Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Importante sin duda debe ser la relación que debe existir entre el servicio, la ética y la moral públicos; más, cuando se hace necesario que la ciudadanía hable sobre todos y cada uno de los acontecimientos que la tocan, así se encuentre hastiada de la corrupción, porque los servidores públicos, del nivel que sean, deben ser responsables de sus acciones y decisiones, respetar la confianza que les brindan cuando son nominados y olvidarse de esa falacia de que los cargos son para enriquecerse, y no hacerlo una censurable estupidez.

Una de las razones para que como ciudadanos debamos plantear muchos cuestionamientos a los protagonistas del diario devenir político y administrativo público; tales como:

  1. ¿En qué normatividad se dice que cuando se apertura una investigación por hechos de corrupción lo mejor es postergar o evitar las reuniones de los órganos de control?
  2. ¿Desde cuándo la mayoría en organismos legisladores y fiscalizadores los sus intereses políticos se pongan por encima de la ciudadanía?
  3. ¿Será que es primero hacer cálculos políticos antes de pedir rendición de cuentas?
  4. ¿Dónde queda entonces la representación de los intereses superiores de la comunidad o consideran que estamos contentos con las artimañas que hacen para no tomar firmes posiciones ante lo que acontece?
  5. ¿Esperan que bajen los ánimos para actuar como si nada hubiese pasado?
  6. ¿Qué dicen los grupos políticos y sociales que apoyan lo políticamente incorrecto?
  7. ¿Dónde están los responsables de controlar la actuación de los servidores públicos?
  8. ¿Nadie sabe nada de nada?

No se puede perder de vista que una de las formas mejores de fortalecer la democracia es la rendición de cuentas. La justicia hace su parte, pero los responsables políticos, de vigilar que los servidores públicos cumplan con sus obligaciones, deben actuar en consecuencia, lo que ayuda a respaldar la acción de la justicia. Se trata de apoyar lo bueno y mejor, a la gente con señorío, a la gente decente, a los señores, a esas personas respetadas y respetables de comportamiento digno y aspecto señero, que es dignidad de señor, gravedad y mesura en el porte y en las acciones dominio y libertad en obrar, sujetando las pasiones a la razón.

La gente decente se ha perdido y hoy elegimos para que rijan los destinos de nuestros territorios a nefastos y fatídicos personajillos de poca monta, sin dignidad, educación, formación, principios ni valores, incapaces de asumir su propia incapacidad mi de respetar lo ajeno con un mínimo de delicadeza.

Estamos dirigidos por gente sin grandeza que permite que nos hundamos en la basura, el desorden y la corrupción. Estamos en manos de sinvergüenzas, de desfachatados, de vampiros que se enganchan a la burocracia, aunque para ello tengan que venderle el alma al demonio; pero peor que ello, es tener normas que los benefician y les permiten seguir gobernando a pesar de las pruebas en su contra.

Triste es decirlo, pero el país todo está tomado y es rehén de ellos, por lo que correspondernos debe no dejarlo hundir como demos que está siendo la tendencia.

*Saúl Alfonso Herrera Henríquez. Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

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