JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA

Por: José Manuel Herrera Villa*

Se entiende universalmente por glocalización, acrónimo formado por las palabras globalización y localización, el concepto que trata de interrelacionar lo global con lo local como estrategia empresarial y alternativa de desarrollo de nuestra sociedad. Su filosofía es clara, “pensar globalmente y actuar localmente”. Es en esencia una adaptación de patrones globales a las condiciones locales. Este concepto no debe contemplarse únicamente desde el punto de vista económico, sino también desde el cultural.

En este mundo en el que están desapareciendo las fronteras económicas y sociales cada vez mezclamos más los elementos culturales locales con los globales. Este choque entre tradición local y la universalización del saber no tiene porqué ser negativo, al contrario, es enriquecedor y permite la innovación y la creatividad de las personas; y, por globalización la “difusión mundial de modos, valores o tendencias que fomenta la uniformidad de gustos y costumbres” y como “proceso por el que las economías y mercados, con el desarrollo de las tecnologías de la comunicación, adquieren una dimensión mundial, de modo que dependen cada vez más de los mercados externos y menos de la acción reguladora de los Gobiernos”.  Y así tenemos entre otras, globalización económica y financiera, comercial, científica y tecnológica; y, de la información. No es la globalización un fenómeno reciente, sino un proceso que ha ido creciendo a lo largo de la expansión de las comunicaciones y la tecnología, permitiendo a personas de todo el mundo crear un vínculo cultural; pero igualmente una de las causas principales del deterioro ambiental, con un modelo insostenible de producción y consumo; en la realidad y dimensión que las ciudades son sistemas socioecológicos de importancia crítica a nivel mundial.

Se estima por expertos que para 2030, el sesenta por ciento de la población mundial vivirá en las grandes urbes, configurando lo cual mega ciudades con más de 30 millones de habitantes (Tokio, Nueva Delhi, Shanghái y la Ciudad de México) convirtiéndose en un reto sin precedentes en temas infraestructura, recursos y sostenibilidad. ¿Cómo alimentar, movilizar, proveer de agua y energía a millones de habitantes concentrados en unos cuantos kilómetros? La respuesta pudiera encontrase en lo local. Las nuevas generaciones se caracterizan por un espíritu emprendedor al crear productos de forma local. Esto ha impulsado la moda de comprar y apoyar a los comercios locales. Sin embargo, más que una tendencia, existen casos de éxito internacional que apuestan a un consumo local como parte de una solución para un crecimiento sostenible, sin perder el contacto global.

Muchas poblaciones han encontrado en las huertas caseras una forma de colaboración para impulsar a los desempleados y familias, combinando esfuerzos de agricultura urbana y local para producir sus propios alimentos, lo que ayuda a superar crisis económica, desempleo y afianzar la sostenibilidad y el consumo local. Ejercicios que pueden ampliarse a los temas de energía, gracias a la inversión ciudadana y gubernamental en energía eólica (viento), con el claro objetivo de convertirse en poblaciones libres de energías fósiles.

Hoy enfrentamos retos de seguridad que representan una amenaza para la coexistencia y el desarrollo económico provocado por la globalización, umbral en el que los esfuerzos locales y resiliencia aparecen para intentar neutralizar y restaurar un equilibrio en el crecimiento. Es época de nuevos esfuerzos como las huertas caseras, energías renovables y consumo local para resolver los retos del mundo actual, requiriéndose con urgencia, dada su importancia, la estrecha colaboración entre ciudadanos y gobiernos para lograr un crecimiento sostenible. Abocados estamos a un cambio de paradigma en el que las poblaciones, especialmente las actividades locales y la sociedad, tienen que desempeñar un papel importante en la construcción de nuevas políticas y estrategias sustentables. Se trata de entrar en razón.

Entender que uno de los problemas más relevante que hoy se plantean es la lucha contra el llamado calentamiento global, pues si estas políticas se dejan en manos de los ecologistas radicales podemos entrar en un proceso destructivo, lo que obliga actividades que nos beneficien para no llegar a extremos, como es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030”, de no hacerlo, nos arriesgamos a un caos climático. Combatir este problema no pasa por detener el crecimiento económico como solución y, bajo esa esa perspectiva, es ineludible emprender una compleja transformación tecnológica que permita minimizar los costes de las energías limpias y alternativas, ya que la transición hacia una economía descarbonizada tiene que seguir contando con los combustibles fósiles y estos deberán tener unos precios estables para que el tránsito sea posible.

Es necesario en todo esto un enfoque holístico que involucre todas las políticas y actores. Diferenciar los riesgos del cambio climático y los de la transición ecológica, últimos estos derivados de la imprescindible transformación de la economía hacia otros modelos productivos más verdes, mientras que los peligros del calentamiento global proceden de las pérdidas vinculadas a las catástrofes climáticas de los últimos años.

*José Manuel Herrera Villa. Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.

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