Por: José Manuel Herrera Villa*

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La competitividad es asunto que debe analizarse desde diversas corrientes teóricas, con el fin de abordar su estudio bajo escenarios económicos, políticos, sociales y culturales dinámicos a nivel internacional, nacional, regional y municipal, por lo que deben desarrollarse, para no caer en improvisaciones, investigaciones documentadas que consideren su definición e importancia en todos los sectores y diferentes aspectos, en lo que ayudan autores como Adam Smith, David Ricardo, J.S. Mill, los clásicos, entre otros; así como las principales fuentes de la competitividad según Michael Porter.

Estas distintas corrientes teóricas que explican la competitividad permiten construir un camino largo y fructífero para la búsqueda de alternativas de solución a las principales debilidades que presentan las capacidades locales y regionales de desarrollo industrial, así como los determinantes económicos, políticos y sociales que caracterizan el crecimiento industrial sostenido centrándose en los aspectos de creación de redes entre gobierno, instituciones, empresas y organismos privados para el logro de un superior desarrollo, crecimiento y competitividad nacional.

Más, por cuanto El Estado, con una visión selectiva y desigual, ha provocado una degradación constante del esfuerzo empresarial a través de su intermediación política y burocrática. Desgaste que se refleja en una empresa cada vez menos competitiva y alejada de los estándares que establece el mercado y la sociedad exige: un producto o servicio digno, un trabajo digno, un consumo digno.

La dignidad en el esfuerzo empresarial, más allá de ser una virtud intangible que no tiene precio, exige integrarla como factor diferenciador en el desempeño de una organización; que no puede ser transgredida por presiones externas al modelo de negocio, y por lo tanto debe ser cumplida, protegida y garantizada desde el centro de la gestión empresarial en toda su cadena de valor, en armonía con el propósito y razón de ser de la empresa.

Elevar la competitividad a una superior dignidad nos lleva a preguntarnos si los derechos humanos son compatibles con los principios de la rentabilidad empresarial. Dos sistemas que buscan la eficacia y eficiencia como eje rector en su operatividad institucional, que, al integrarlos, crean una nueva dimensión de la calidad, generando rendimiento económico y utilidad social. Humanizar la competitividad establece un nuevo estándar que refleja la progresiva integración del ejercicio de los derechos fundamentales en la gestión empresarial y el desarrollo humano, representa la inversión social y garantiza la sostenibilidad del modelo de negocio.

Pensar un producto o servicio digno exige integrar la sustentabilidad en la cadena de producción y comercialización; un trabajo digno implica equidad e inclusión social con justicia laboral; un acceso digno al consumo significa potencializar los derechos del consumidor alineados a la responsabilidad sustentable del consumo. La empresa deberá crear un sistema de gobernanza y control interno de sus procesos y cultura de desempeño donde el ejercicio de los derechos fundamentales sea normado, fomentado y supervisado como principio rector de la gestión empresarial.

Una competitividad digna es el principal mecanismo de protección para limitar la arbitrariedad de fuerzas externas en el esfuerzo empresarial, y al mismo tiempo habilitar su valor dinámico, expansivo y proactivo en la evolución hacia un nuevo modelo de empresa y mercado que construya progreso social más allá de sus limitaciones coyunturales e ideológicas, que lo único que genera es un déficit de respeto, transparencia y crecimiento.

Una nueva lógica empresarial es un imperativo para nuestra economía; es desde adentro de la empresa donde la protección, respeto y garantía de los derechos humanos se integra a la cultura de competitividad, para alcanzar los estándares laborales, ambientales y de calidad que representa el desarrollo sostenible y la economía inclusiva. La transición de un ciclo vicioso de ineficacia entre el Estado y la empresa hacia un ciclo virtuoso de competitividad digna puede transformar la relación Estado-empresa hacia una interacción sistémica de eficiencia con integridad. *Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral

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