Melanio ZUÑIGA HERNANDEZ

Por: Melanio Zuñiga Hernandez

África, conocido como la cuna de la humanidad, con una población de más de 1.200 millones de personas, la mitad de las cuales tendrá menos de 25 años en 2050 es un continente diverso con recursos humanos y naturales que tienen el potencial de generar crecimiento inclusivo y poner fin a la pobreza en la región, permitiendo a todos los africanos tener vidas más saludables y prósperas.

Según reportes del Banco Mundial, el Continente Africano es actualmente la región mundial donde existe la mayor zona de libre comercio del mundo y un mercado de 1.200 millones de personas, que están creando una trayectoria de desarrollo completamente nueva aprovechando el potencial de sus recursos y su población, formada por países de ingreso bajo, mediano bajo, mediano alto y alto; 18 de los cuales atraviesan por situaciones de fragilidad o conflictos.

El introito ilustrativo surge a partir de la presencia de los negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros en América y Colombia, país que celebra el 21 de mayo el día de la afrocolombianidad regulado por la Ley 725 de 2001, promulgada por el Congreso de la República, 150 años después de la Ley 21 del 21 de mayo de 1876, que en teoría decreto “libres a las personas sometidas forzosamente por esclavistas, quienes gozarían de los mismos derechos y tendrían las mismas obligaciones que la constitución y las leyes garantizan en imponen a los demás”; concepción teórica que contradecía la preceptuado por la constitución de 1886, que hasta el año 1991 desconocía la existencia de negros en Colombia, país en donde el 87,58% de las personas según el censo de 2018​ se clasifican sin pertenencia étnica, categoría que engloba al resto de las poblaciones que habitan el país, que incluyen mestizos y descendientes de europeos, árabes, judíos, asiáticos, y otros grupos que no aparecen oficialmente en el censo.

Hoy Colombia es un país de contrastes y eso se ve reflejado en un variado panorama de mestizaje y culturas que esconde toda una tradición milenaria de diversos pueblos, cada una de las cuales tiene unas tradiciones ancestrales que se mantienen intactas, debido a la forma como se dio la mezcla de tres culturas tras la Conquista: indígenas americanos, europeos españoles, en su gran mayoría y africanos; resultado del cual, surgen los mestizos (descendientes de amerindios y blancos), mulatos (mezcla de negros y blancos) y zambos (amerindios y negros), proceso reconocida por la calidad de su gente que integra desde los ritmos musicales que contagia a cualquiera hasta la comida; convirtiéndose en una de las causas y virtudes más destacadas de los colombianos, que hacen parte de una multicultural y pluriétnica, que permite la riqueza en expresiones sociales que hoy nos caracterizan ante el mundo.

Lamentablemente el desconocimiento de esta ancestria o quizá, la soslayada forma de mostrarse desconociendo la formación genético de un país que de acuerdo con estudios del científico Eduardo Yunes de 1993, se origina en la familia chibcha, ascendencia de caucásicos, principalmente españoles y árabes, con algunos aportes italianos, franceses, alemanes y eslavos entre otros, determinando su composición poblacional actual que estima como blancos un 30%, mestizos 49%, negros 10.6%, mulatos (mezcla negro con blanco) 5%, amerindios 4%, y otros 1.5%; conceptualización que reafirman entidades muy reconocidas y respetables como DNA Tribes: SNP Admixture Results by Population (I-II), y Admixture in the Américas: Regional and National Differences.

En esa perspectiva, sirven de referentes para que alegóricas celebraciones institucionales como la del día de la afrocolombianidad, en un país de contrastes étnicos, donde más allá de la disrupción de la mal denominada abolición de un oprobioso acontecimiento signado por la discriminación estructural, exclusión y marginación de una población durante más de 500 años por su pigmentación de piel; pasa por darle aplicación real a los artículos 7 y 13 de la Constitución Política de 1991 y la Jurisprudencia de la Corte Constitucional, de un Estado que reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación, así como el goce de los mismos derechos, libertades y oportunidades, sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica, que en la práctica dista mucho de la teoría.

Mas que cuestionar cualquier referente de la historia mestiza de Colombia,  trata de analizar y puntualizar nuestra integración y esbozar escenarios que permitan a las instituciones actuar con objetividad, para evitar que se repitan actuaciones dicientes como los registrados con los disimiles resultados de los censos de población del 2005, que registraba una población afro del 10,6%, que luego y de manera inexplicable el DANE reduce en el censo del 2018 al 6,75%; con las consecuentes implicaciones que ello tiene en cuanto a la aplicación de estadísticas y funcionalidad de regiones marginadas y aisladas del desarrollo nacional.

Sin embargo, la mejor forma de concurrir en la atención de estas problemáticas es con la formulación desde el gobierno central y regional, entiéndase gobernaciones, de un “pacto por la equidad con políticas de acciones afirmativas”, obviamente con la integración de veedurías ciudadanas no afines a los ejecutores; que surge como alternativa para encontrar soluciones reales que permitan construir en el pacífico y caribe zonas de integración y libre comercio, que contribuyan a mitigar en parte la brecha histórica tan grande en materia de necesidades básicas insatisfecha (NBI) que padecen amplios sectores de población como los negros, afrocolombianos, raizales y palenqueros en todo el territorio nacional.

Finalmente se infiere como algo de importancia necesaria, hacer del mestizaje de Colombia una oportunidad para avanzar en la construcción de acciones que pongan en dimensiones escenarios, que hagan de la cultura, la música y el deporte oportunidades de desarrollo con emprendimientos y resultados tangibles, para aquellos sectores que, por sus limitadas condiciones no tienen posibilidad de acceder a instituciones públicas o privadas que demandan de formación técnica o especialidades que aplican nuevas tecnologías.

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