MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Rafael Pacific Gnecco*

Preocupa a muchos gobiernos la creciente ola de obesidad infantil, que se atribuye en parte al exceso de publicidad de alimentos poco saludable dirigida a esa población, lo que terminará exigiendo el control de ciertas pautas publicitarias que llegan a través de la televisión y plataformas como TikTok, YouTube y otras de gran audiencia.

El impacto a mediano y largo plazo de la mala alimentación se traduce en enfermedades no transmisibles como obesidad, diabetes tipo 2, incremento del colesterol y los triglicéridos, hipertensión arterial, enfermedades cardíacas, renales y neurológicas, alteraciones endocrinas, afección del sueño, cáncer y problemas articulares, entre muchas otras dolencias. Por ello, el ministro de alimentación alemán, Cem Özdemir, lidera una campaña para prohibir desde las 6 am hasta las 11 pm la publicidad de comestibles poco saludables (¿se les puede llamar alimentos?) en televisión y plataformas digitales dirigidas a los niños. Un reto muy difícil, ciertamente. El propósito es que los niños crezcan sanos; según Özdemir, está demostrado el impacto de la publicidad en las costumbres alimentarias de la población infantil. Actualmente, uno de cada seis niños en Alemania padece sobrepeso u obesidad.

La industria contraataca. Carsten Bernoth, representante de la confitería alemana, cree que prohibir la publicidad orientada a los niños no tendrá mayor impacto en el consumo de dulces. Para Bernoth, la publicidad es parte importante de la economía de mercado y, dice, su función es hacer crecer las ventas y, consecuentemente, la tributación al estado. De hecho, los fabricantes alemanes de dulces reportaron ventas en 2022 por más de 14.000 millones de euros; el gasto en publicidad fue de 1.000 millones.

Pero el tema no se limita a los dulces; Andrea Gerschlauer, especialista en nutrición afirma que, desde de la pandemia, el número de niños alemanes que engorda rápidamente viene en aumento. Gracias al sedentarismo consumen pasabocas y bebidas poco saludables mientras ven televisión o usan videojuegos; la publicidad, dice, los induce al consumo de esos comestibles. Es muy fácil introducir eslóganes en el cerebro de niños expuestos a la publicidad mediante atractivos comerciales y repetición constante. ¿Aún usarán mensajes subliminales? Indiscutiblemente, hay una sobreexposición publicitaria en la población infantil mediante televisores, celulares, tabletas y computadores, lo cual induce hábitos alimentarios dañinos. La población adolescente, además, recibe la presión de sus coetáneos, y las salidas en grupo terminan casi siempre en alguna cadena de comidas rápidas; verde, ni las paredes. Agreguemos ahora las fiestas infantiles y festividades como el Halloween, todo un atentado a la buena salud. No hay organismo que resista tanto.

En general, los países hacen muy poco para evitar este creciente fenómeno, pero hay dos ejemplos interesantes: Chile implementó desde 2016 una estricta limitación a la publicidad de dulces, similar a la de los cigarrillos. El resultado es que los hábitos alimentarios de los niños han venido cambiando favorablemente; ahora esos infantes crecerán con mejores hábitos, y muchas menos enfermedades no transmisibles.

El mejor ejemplo es el Japón. El Programa Nacional de Comidas Escolares (equivalente a nuestro saqueado PAE) lleva diariamente alimentación saludable a más de 10 millones de niños; es el programa Shokuiku (educación alimentaria y nutricional). Las comidas son frescas, sabrosas y nutritivas, ajustadas a las costumbres niponas; se elaboran en cada escuela. Sopas, verduras, pescado, carne y arroz son consumidos en el mismo salón de clases, integrando más a los niños; ellos se reparten las tareas de alistar las mesas, servir, limpiar y recoger generando aprecio por la buena comida, hábitos saludables y trabajo en equipo. Además, reciben educación nutricional; algunas escuelas tienen granjas para enseñar a los niños acerca del ciclo alimentario.

¿Qué puede hacer Colombia? Publicidad estatal positiva orientada a la alimentación sana, restricción a la publicidad de comestibles poco saludables, alimentación escolar adecuada y educación nutricional, protegiendo los recursos del PAE. Hay mucho por hacer, sí, pero urge iniciar; educación a los padres y mejoría de su capacidad adquisitiva son prioritarias. La industria y la publicidad deben reinventarse y apoyar estas iniciativas.

*Hernando Rafael Pacific Gnecco. hernando_pacific@hotmail.com – Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista

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