Periódico El Derecho

Bueno en alto grado que los asuntos relativos a la ciudadanía hayan ido en aumento de manera importante, debido a la creciente sensibilidad hacia la política de la identidad. Bien se ha expuesto por importantes cultores de esta tan especial temática, que “la ciudadanía, concebida como una matriz de los derechos y obligaciones que rigen a los miembros de una comuni­dad política, existe en tensión con la heterogeneidad de la vida social y las múltiples identidades que surgen de ella. Esta tensión se expresa en la contraposición entre el universal ciudadano y los numerosos ciudadanos con identidades diversas, de las cuales la ciudadanía no es más que una. Los ciudadanos comparten los derechos y obligaciones derivados de dicha con­dición, y el concepto de igualdad que emana de esta condición compartida tiene consecuencias muy reales para las políticas de identidad, ya que la ciudadanía ha reclamado tradicionalmente prioridad sobre otras identidades”.

Hoy día la filosofía política tiene como referencia fundamental el procedimiento, la repercusión y la or­ganización de la integración política y, en consecuencia, la discusión sobre el tipo la ciudadanía que posibilita tales objetivos. La actual recuperación de la noción de ciudadanía está asociada y condicionada a la conciencia y a la necesidad de que las sociedades modernas demandan de recursos morales para sustentarse, protegerse y perdurar en el tiempo. Y partiendo de los fundamentos y premisas individualistas de nuestras socie­dades occidentales, los interrogantes que surgen en aras de mantener la cohe­sión social en las modernas sociedades son más que evidentes, generando pregunta como ¿es posible la solidaridad entre los ciudadanos de las actuales socieda­des occidentales?, que plantea un mar de incertidumbre complejo de resolver.

El asunto de integrar normativamente una comunidad política sobre procedimientos compartidos ética o jurídicamente) o la salvaguarda de los derechos individuales sin prescindir de aquellos bienes que no pueden ser alcanzados sino colectivamente serán cuestiones cruciales en esta exposición. Dicho de otra forma, entendida la ciudadanía más o menos como el «derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público», y teniendo en cuenta que hay visiones contrapuestas en la puesta en práctica de estas formulación, ¿Cuál debe ser el modo de relación apropiado y consecuente entre el individuo y su sociedad política?, Maneras estas que deben esgrimir para su discusión a tono con los días que vivimos, los instrumentos y herramientas todos para plantear de manera sesuda, juiciosa y productiva un debate sobre las maneras de entender la ciudadanía, además de las visiones existentes de plantear la identidad, aspecto fundamental para el crecimiento de los pueblos.

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