Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez.

Gobernar, gestionar, comunicar expresar realidades y nunca ocultar lo que a nivel administrativo público está ocurriendo es deber, obligación y compromiso de todo gobernante en particular y servidor público en general, cuando en verdad se quiere avanzar de la mano de la ciudadanía y de la comunidad. No es de recibo que lo de ocurrencia en las entrañas de la cosa pública no sea conocido por la población, y que lo cual algunas veces de buena fe y otras no tanto, sedan dadas a conocer por los medios de difusión y periodistas, muchos de los cuales afectos a determinados intereses de conformidad con sus conveniencias.

Los modelos de comunicación en todo su contexto en la ecuación servidores públicos y ciudadanía, deberían ser circulares, casi que rituales en la verdad que la administración pública tiene que ser sagrada o al menos manejarse como tal, crear símbolos a su alrededor y airear los temas directamente con la sociedad, en dirección a mejorar la discusión pública y consensuar los asuntos comunes, lo que evitaría se violente el debate público, se polaricen situaciones, se crucen mensajes cargados de beligerancia y se retroalimenten altaneramente las redes sociales.

Interesa vencer las resistencias que en nada contribuyen al progreso de los pueblos, siendo importante no adentrase en espacio de mentiras para no tener que desmentir de continuo informaciones falsas y calumnias de mala fe. Los hechos son tozudos y funcionan como teas incendiarias, de allí que no se valga calumniar, zaherir y estigmatizar; más, por cuanto vivimos en sociedades multimedia con comunicación circular que todo lo contrarrestan, dependiendo de la conveniencia, buena o mala fama.

No se vale tampoco perder credibilidad detrás de nada, en cambio sí ganar autoridad desde el gobierno en los medios. No puede ser que se sigan presentando falencias y desconfianza de la sociedad hacia las instituciones y los medios, lo que llama a realizaciones y correcciones en las malas prácticas de soborno, popularizadas en la cultura política y que encuentran espacio para justificar acoso o intimidación. No se pueden cohonestar debilidades, ni echar a andar una estrategia de guerra focalizada contra la crítica, cuando deben reservarse esas energías para combatir la corrupción; pues la atención prioritaria debe estar en defender los intereses de la sociedad, no obstante ser la libertad de expresión plural y diversa como bien afirman los entendidos en esta asignatura.

Se trata de cambiar el modelo, fortalecer la independencia, elevar la calidad periodística, velar por que se concentren los recursos del Estado para hacer de la comunicación un escenario en el cual desaparecer corruptos y corrupción, transformar y legitimar las conciencias en beneficio de la democracia y evitar engancharse en una confrontación que, a un mismo tiempo, alimentan y son víctimas. Se impone que todos ganemos y no se perciba a nadie como adversario y que los otros se asuman como oposición, aunque en el debate público todo es político. 

*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. saulherrera.h@gmail.com

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