Por: Rafael Robles Solano*

Tema del que se está hablando y discutiendo actualmente por todas partes, en particular por algunos medios de comunicación que alarmados observan cómo se evidencian los hechos protagonizados por personajes corruptos, ante la abrumadora y creciente insolencia, descaro o cinismo con los que prevalidos de la ineficiente y nula labor de las autoridades encargadas de las investigaciones, vigilancia, control e imputación de cargos, contra quienes resultan envueltos en semejantes denuncias, se tornan cada vez más atrevidas por la manera como se asocian para delinquir, porque no se les puede calificar de otra manera.

Los índices de corrupción a lo largo y ancho del territorio colombiano, abarcan como viene siendo del dominio y conocimiento público, todos los estamentos y esferas de las actividades públicas y privadas, en consideración a qué al parecer, la inmensa mayoría de las entidades, establecimientos y negocios, sucumben frente a los embates de las actuaciones y conductas dolosas de los que directa e indirectamente participan de las mismas.

Por ejemplo, cualquier clase de actividad o de emprendimiento que requiera ser diligenciada y tramitada, ante entes municipales, departamentales, regionales y nacionales, necesita más allá del aporte de las respectivas propuestas, planes y proyectos para participar en licitaciones, vemos que requieren tener previsto dentro de sus presupuestos, un concepto para costear los denominados “gastos de representación,” mejor conocidos como el rubro para sufragar el lobby y las vulgarmente conocidas “coimas”, indispensables para garantizar la consecución, adjudicación y obtención del contrato pretendido.

Al reseñar esta clase de ejemplos, no estoy revelando nada que no sea cierto, porque los proponentes y participantes de cualquier proyecto licitatorio lo saben.  Actualmente en todos los niveles prevalecen los contactos, el amiguismo, el llamado “tráfico de influencias,” del que se quejaba en los años sesenta, el expresidente Carlos Lleras Restrepo, para asegurar lo que conocemos como “palancas”, porque sin ellas, difícilmente se obtienen resultados positivos.

La corrupción está tan extendida, qué en muchos círculos sociales el ejercicio de las palancas, ahora corresponde a una actividad normal, pues es necesaria para buscar empleos,  porque los concursos por sí sólo, no garantizan el acceso a los mismos, los cupos para la educación, el agilizar los trámites en las oficinas de la administración pública, en los juzgados, en los bancos y un largo etcétera.  Siguiendo con los ejemplos, en las altas instancias gubernamentales, empresariales, financieras o políticas, existe la figura de “los lobistas”, que corresponde a aquellas personas encargadas de adelantar los contactos y gestiones preliminares, para plantear propuestas, negocios, inversiones, en fin, desplegar las actuaciones necesarias para concretar y materializar cualquier proyecto, lo cual de por sí, no es ilícito.      

Pero para nadie es sorpresa qué pese a las restricciones de orden legal existentes para financiar las campañas políticas, el aspirar a cargos de elección popular, además de los avales que se deben conseguir por parte de cada grupo o partido, se requiere disponer de inmensos recursos económicos, cuyos presupuestos varían dependiendo si se aspira a Concejos Municipales, Asambleas Departamentales, Alcaldías, Gobernaciones, Cámara de Representantes y Senado. 

El propósito de ésta tribuna, consiste no sólo en llamar la atención respecto a la nefasta y aciaga corrupción que campea por todos los ámbitos de la patria, sino que sirva de espacio de reflexión para que la sociedad civil, medite y sea consciente de las implicaciones que para el país y la misma mal trecha democracia en la que vivimos, trae el continuar apoyando con nuestra apatía para participar en las elecciones que se avecinan, como seguir siendo parte de la enorme masa de abstencionistas para los que éstas, dicen, “no vale la pena participar”, lo cual no es cierto. Su indiferencia, propicia que sigan llegando a estos cargos personas inescrupulosas, faltas de interés por redimir y legislar a favor de las reivindicaciones sociales que clama el pueblo colombiano, además, debemos aprovecharlas para contribuir a depurarlas, no reeligiendo a ninguno de aquellos candidatos que se encuentren envueltos y vinculados a denuncias e investigaciones por presuntos actos de corrupción. * Secretario Ejecutivo LIDERESOCIAL. lideresocial@hotmail.com.co

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