Por: José Guillermo Claros Penna*
Debemos como ciudadanos preocupados y ocupados por la suerte y mejor protección de nuestros territorios y nuestra gente, reflexionar siempre sobre los asuntos que en verdad bien y mejor pueden ayudar a potenciarnos, en la realidad que pensar y preparar el porvenir es entender y nunca olvidar que el porvenir también necesita oportunidades, que los jóvenes son y seguirán siendo el mañana, lo que no es para dormirnos en ello y los sigamos ubicando en el futuro, ya que no podemos darnos el lujo de seguir postergando las decisiones que se necesitan en el presente.
Ser joven implica hoy enfrentarse a la paradoja que somos una generación más conectada y con mayor acceso a información y formación que las anteriores, pero ello desafortunadamente no siempre se traduce en oportunidades para construir un proyecto de vida. Empleo y trabajo, por ejemplo, es una de las primeras barreras, ya que no se trata solamente de encontrar empleo, sino de acceder a uno que permita crecer, ahorrar e independizarse. Aparece luego el acceso al financiamiento, que muestra una baja penetración del crédito en una etapa en la que se necesita capital para estudiar, emprender, comprar una vivienda o construir patrimonio; y, entre quienes no acceden al crédito, los requisitos, los ingresos insuficientes y los intereses aparecen entre esas principales barreras. El resultado es un círculo difícil de romper, ya que para acceder a mejores oportunidades se necesita experiencia, ingresos, garantías o patrimonio; pero para construirlos primero se necesita una oportunidad.
Quizás por eso la conversación sobre fuga de cerebros no debería empezar en las terminales de transporte, dado que muchos jóvenes con estudios consideran emigrar ante la falta de oportunidades, lo que revela algo real y verdaderamente preocupante; y es que muchos jóvenes empiezan a imaginar su futuro fuera del territorio, lo que lleva a concluir que la fuga de talento comienza cuando una persona deja de creer que su esfuerzo podrá convertirse aquí en progreso; de ahí que la respuesta no pueda limitarse a pedirles a los jóvenes que emprendan, se esfuercen más o que no se vayan, toda vez que lo que se necesita es reducir las barreras de entrada a la vida adulta, programas efectivos de primer empleo que generen experiencia, formación conectada con las necesidades productivas, crédito que evalúe potencial y no solo patrimonio previo, y mecanismos que permitan financiar estudios, emprendimientos y vivienda sin exigir aquello que todavía se está intentando construir.
Necesitamos igualmente empresas dispuestas a apostar por el talento joven, centros de estudio más vinculados con el mercado laboral, instituciones públicas capaces de simplificar trámites y políticas que impulsen sectores donde puedan crecer profesionales, técnicos y emprendedores. Retener talento no significa cerrar puertas para que nadie se vaya; significa abrir suficientes puertas aquí para que quedarse sea una opción competitiva. Tenemos una enorme oportunidad en nuestra juventud. Pero ninguna ventaja demográfica es eterna y ningún talento permanece donde siente que no puede crecer. Hablar de jóvenes como el futuro suena bien; construir condiciones para que progresen hoy es mucho más difícil.
El desafío no es convencerlos de que se queden, sino construir un país en el que quedarse, emprender, trabajar y construir un proyecto de vida también sea una buena decisión.
*Profesional en Ciencias Militares. Administrador de Empresas. Abogado. Master en Derecho Público. Candidato a Doctor en Derecho. Columnista

