Por: Alberto Abello*
El legado intelectual del Libertador, de José Eusebio Caro y el programa con Mariano Ospina, de Miguel Antonio Caro, como de Rafael Núñez y el de Álvaro Gómez está vigente. Antier se conmemoró el aniversario del 4 de octubre de 1849, cuando se da a conocer en el país el programa del Partido Conservador, por parte de José Eusebio Caro y Mariano Ospina Rodríguez, dos personajes fundamentales de nuestra historia. Para algunos de los que se refieren al tema resulta que allí comienza la historia del conservatismo. Para ser más precisos se trata de una fecha trascendental, pero lo conservador desde el punto de vista de las ideas políticas surge en nuestro medio con la figura del Libertador Simón Bolívar.
Otra manifestación del conservatismo habría sido que se formara en el país un partido realista. Eso no fue posible por cuanto el Libertador le cierra el paso a esa posibilidad y prescribe a los realistas. Las ideas del Libertador sobre un régimen político centralizado, fuerte, democrático y republicano, chocan con las de aquellos que habrían querido por estos lares ensayar un régimen parlamentario. El Libertador defiende el entendimiento y respeto con la Iglesia Católica, así como rechaza las ideas utilitaristas de Jeremías Bentham, que introduce el vice Santander en Colombia.
Los principios constitucionales del Libertador sobre libertad y orden suelen ser los mismos que defienden las fuerzas conservadoras y democráticas en la región. Tras las traiciones que sufre el Libertador a su regreso de Lima cubierto de laureles y gloria, se refirma en sus ideas de orden y gobierno fuerte, bajo el imperio del derecho y la ley, en medio de unas cálidas relaciones con la Iglesia Católica. Más su inmensa generosidad lo lleva a conmutar la pena de muerte al vice Santander, en especial a ruegos del mariscal Antonio José de Sucre, quien, pese a que el general Urdaneta en un consejo de guerra por la conjura septembrina lo había condenado, le advierte que eso empañaría su gloria. Entonces, Bolívar le perdona la vida al vice.
Otro septembrino fue Mariano Ospina Rodríguez a quien, muy joven, le correspondió cuidar la puerta del Palacio de San Carlos en esa conjura, en la que el Libertador salva su vida al lanzarse, como le aconseja Manuelita, por un balcón, estando resfriado y en camisa. Mariano Ospina, al fracasar la conjura esa noche se oculta y al día siguiente sale rumbo a Antioquia. En Antioquia se refugia y encuentra gentes amigables que lo acogen hasta convertirse en dirigente regional y más adelante ocupar la primera magistratura del país. Un sector de la sociedad comparaba a los septembrinos con los que atentan en Roma contra Cesar, dizque por salvar la democracia.
El Libertador renuncia al poder y resuelve buscar el exilio europeo, para morir en Santa Marta, desengañado por la ingratitud de algunos de sus contemporáneos. Mas ni su grandioso ejemplo ni sus ideas mueren. Los generales Tomás Cipriano de Mosquera y Pedro Alcántara Herrán, como muchos otros dirigentes defienden sus postulados republicanos y de gobierno fuerte. Lo que facilita que en 1843 se avance a la reforma constitucional que consagra buena parte de los ideales conservadores y republicanos del Libertador.
Las columnas fundamentales del pensamiento conservador y bolivariano se encuentran en esa constitución, la misma que inspira al gran estadista Rafael Núñez, para forjar el partido nacional y convocar a que se reforme del Estado mediante la Carta de 1886, en la que el erudito conservador Miguel Antonio Caro, hijo de José Eusebio Caro, juega un papel estelar.
El M-19 consigue que en los acuerdos para entenderse con el gobierno que lo indulta se termine por convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, que aprueba la Carta de 1991, que contiene varios de los artículos fundamentales de la Carta de 1886, pese a que se debilita le unidad nacional y la fortaleza del Ejecutivo. Fuera de consagrar la elección popular de alcaldes y gobernadores en tiempos de confrontación armada, lo que impide que se nombren alcaldes militares encargados por cuenta del poder Ejecutivo en las zonas que conquisten nuestras Fuerzas Armadas para retornar a la democracia.
El legado intelectual del Libertador, de José Eusebio Caro y el programa con Mariano Ospina, de Miguel Antonio Caro, como de Rafael Núñez, incluso el de Álvaro Gómez, que es de la misma genealogía política, tiene plena vigencia. Es preciso rescatarlo. En especial, en cuanto como dijo el mismo Álvaro Gómez Hurtado: el Régimen se agazapa por todas partes y corre por las venas del sistema.
*Historiador. Columnista. Analista. Asesor y Consultor Político

