Recientemente miraba documentales acerca de las personas de edades avanzadas en Japón. Se refería uno de esos videos a los hábitos de seguridad que deben desarrollar los mayores en uno de los países más seguros del mundo; muchísimas personas mayores de 70 años viven solas, por lo cual aparecen vulnerables para los malhechores.
En las llamadas zonas azules del mundo viven las personas más longevas; en Okinawa están las mujeres de mayor edad en el planeta. Buscando explicaciones, el investigador Dan Buettner considera que, más allá de la genética, el estilo de vida y el entorno contribuyen en un 80% a esa longevidad. Los “secretos” son caminar constantemente sin grandes esfuerzos, alimentación sana en cantidades moderadas priorizando los vegetales, un propósito de vida (ikigai) y mantener sólidos lazos comunitarios, sociales y familiares. Para ellos, la interacción social es muy importante en la vida.
La isla de Okinawa tiene una densidad poblacional de unos 11 habitantes por kilómetro cuadrado. Por contraste, en grandes ciudades como Tokio esta cifra es impresionante: oscila entre 2.400 y 11.000 habitantes/km2, dependiendo del área geográfica; en Okinawa se vive bien y sin apuros. En la gran capital, la vida agobia: viviendas muy pequeñas, exigencias laborales extremas, transporte público muy concurrido, mínima socialización, abrumadora soledad y sus problemas derivados. Muchos ciudadanos de las grandes ciudades son migrantes sin familiares cerca, lo que reduce la convivencia comunitaria; el tipo de trabajo y la estructura social han separado a las familias. Adicionalmente, la cultura japonesa valora la independencia, por lo cual muchas personas no solicitan ayuda cuando la requieren, lo que sumado a los anteriores factores ha llevado a un incremento en la soledad. El año pasado, Japón contó 76.000 personas que fallecieron en soledad, un fenómeno llamado kodokushi.
¿Esta anomalía es exclusiva de Japón? No, definitivamente. Hay una tendencia mundial a la senectud solitaria que afecta a muchos países industrializados y a algunos en desarrollo. El norte de Europa registra porcentajes crecientes de personas mayores en hogares unipersonales. El Reino Unido creó en 2018 un Ministerio de la Soledad para enfrentar ese problema cuando ya unos nueve millones de ciudadanos estaban en tal condición. La dispersión geográfica de las familias afecta a países como España, Estados Unidos y Canadá, y crece en el mundo. En muchas ciudades norteamericanas, las grandes distancias y un transporte público poco eficiente acrecientan esta situación. Corea del Sur experimenta una situación igual o peor a la de Japón, conocida como godoksa (muerte solitaria), agravada por mayores tasas de pobreza en los adultos y la ruptura obligada de lazos familiares. En el mundo, el aumento de la longevidad y la disminución de la tasa de natalidad junto con la rápida y creciente urbanización, el cambio en los modelos de familia, las migraciones a las grandes urbes y el individualismo ha producido mayores cantidades de ancianos en soledad, muchas veces en pobreza indigna y sin apoyo alguno.
Los desafíos son enormes; mientras la natalidad decrece Japón tiene más de 107.000 ciudadanos mayores de 100 años, 80% son mujeres. La brecha entre nacimientos y fallecimientos se incrementa significativamente: dos fallecidos por cada nacimiento. El país necesita 2,1 hijos por cada mujer, pero solo llegan 1,14 niños: está en juego la sostenibilidad del país. Mientras tanto, ¿quién cuida de los ancianos, y en particular de los solitarios? Los gastos para atender pensiones y sanidad crecen, hay escasez de trabajadores de la salud y cuidadores, y muchos ancianos carecen de ingresos o les son insuficientes. Es tan crítica esta situación que algunos de ellos cometen delitos menores para ir a las cárceles, las cuales garantizan techo, comida, atención médica y compañía.
Los desafíos son enormes: combatir la discriminación, apoyar el final de la vida de los mayores, minimizar el aislamiento senil, y trabajar en la salud mental casi siempre deteriorada. En otras palabras, propende por una vejez digna y relativamente saludable. Ni familias ni gobiernos pueden eludir su responsabilidad.
*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista. hernando_pacific@hotmail.com

