Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
Políticos y administradores deberían de consuno trabajar con el denuedo requerido, al igual que tomar las decisiones importantes y urgentes que requeridas sean para superar la crisis, de modo que aspirar podamos a un mejor porvenir, que las condiciones sean propicias y el empresariado pueda traducir nuestro gran potencial, que lo tenemos, en desarrollo, disminución de la pobreza y avances en todas las direcciones y escenarios, para que así el rumbo de nuestra patria alcance y consolide superiores dimensiones.
Nuestro problema no es la falta de un diagnóstico sobre la crisis, que incluso a decir de muchos expertos estamos sobre diagnosticados, ya que por años se ha advertido, sugerido, indicado y aconsejado sin eco alguno respecto de cómo evitarla, y por tanto, se sabe lo que hay que hacer para superarla, pero hace falta tomar decisiones y un fuerte compromiso con el país, reconstruirnos, recomponernos, avanzar, destrabar, priorizar, invertir, exportar, crecer, escucharnos, reestablecer el orden, poner a dialogar economía y producción sobre la base de las propias realidades y necesidades; y en política, hacer caminos que no entorpezcan nuestro integral desarrollo y saber hacia dónde llevarlo, puesto que gobernar no es solo saber qué hay que hacer, sino, tener la capacidad de hacerlo cuando hacerlo cuesta y es esa la gran lección que aprender debemos.
Requerimos un Estado habilitador, esto es, que deje de competir con quienes producen y genere condiciones para que empresas, trabajadores e inversionistas hagan lo que saben hacer; tomar decisiones completas, dado que una decisión a medias apenas acaricia el problema. Es imprimir velocidad a las acciones del Estado, ya que no podemos seguir como si tuviésemos todo el tiempo del mundo, y menos cuando talento, capacidad y posibilidades de desarrollo existen, pero la luz de las oportunidades que hay, puedan oscurecerse, debiéndose implementar las reformas estructurales que necesarias sean en materia de hidrocarburos, minería, inversiones y alianzas público-privadas, de importante y urgente tratamiento de manera sincrónica.
Importa para el país, si patria milagro verdaderamente bueremos tener, que las normas trasciendan a los gobiernos, ya que, si la garantía que se ofrece es la palabra del gobernante de hoy, seguro es que todos los capitales serios vengan al país y el sector privado acompañe las reformas como corresponder se debiera, con la condición que sean oportunas, coherentes y completas, ya que el desarrollo no ocurre por casualidad, sino como consecuencia de la productividad, las exportaciones y el crecimiento, lo cual no se logra sin educar a la gente, lo que además obliga enfocarse en las acciones que llevan al éxito.
Acudir debemos como país a soportarnos en las metodologías de colaboración público-privada para destrabar cuellos de botella con la pragmática toma de decisiones bajo el concepto que el empresario sabe lo que le falta, pero el Estado lo desconoce. De ahí la importancia de la priorización sectorial, abrirse exitosamente al mundo, anclarse para no ser movidos al vaivén de los demás; y, entender, que las reformas hacia una mayor productividad y eficiencia hacen una patria mejor.
Tenemos todos que reconstruir una nueva Colombia, redistribuir recursos, resolver nuestros problemas, optar por que el restablecimiento del orden sea una verdad manifiesta y adentrarnos decididamente a una patria milagro con acciones, soluciones y señales hacia adelante. Situaciones y cir5cunstanmcias apremian, el tiempo corre y conscientes debemos estar que no estamos para más ni mayores ensayos y mucho menos para probar suerte.
*Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista

