Por: Guillermo Barreto Vásquez*
En la mesa de la cafetería Juan Valdes en el Ocean mall, en los pueblos ribereños y en el Caribe entero, las palabras no solo se dicen: se sienten. Hay expresiones que, aunque nacieron lejos de nuestras playas, ríos y ciénagas, aquí encuentran un eco profundo. “Prosperidad al debe”, como la planteó hace casi un siglo Alfonso López Pumarejo, sonando hoy como esas verdades que se dicen pero que todo el mundo entiende.
El país puede mostrar cifras que sonríen —crecimiento, inversión, recuperación—, pero en la vida diaria la cosa no siempre cuadra ni encaja. Digámoslo de diferente manera coloquial; “Es como cuando en la casa hay comida, pero no alcanza pa’ todos en la mesa”. “Es como cuando hay comida en la casa, pero no alcanza pa’ repetir”. “Es como cuando sí hay pa’ comer… pero no pa’ que todos queden llenos.”
Aquí, en la orilla del Caribe, uno aprende a leer la realidad más allá de los números. Se lee en el mercado, en la esquina, en la conversación que se alarga bajo la sombra de un árbol, en la parranda etc. Y la pregunta aparece sola, sin necesidad de estadísticas: si Colombia está tan bien… ¿por qué tanta gente se está yendo? Más de un millón y medio de colombianos han emigrado desde 2022. No es cualquier cifra. Es como si un departamento entero, hubiera decidido hacer maletas. Y el que se va no siempre lo hace porque quiere. A veces se va porque siente que aquí, aunque la vida es sabrosa, el futuro se le queda corto. Porque trabajar no siempre alcanza. Porque estudiar no siempre garantiza. Porque soñar, en ocasiones, toca hacerlo en otro lugar.
Ahí es donde la “prosperidad al debe” deja de ser una frase elegante y se vuelve una realidad concreta. No es solo un concepto, es algo que se puede entender —y sentir— cuando se mira la economía desde distintas perspectivas, desde la macroeconomía, de la economía del desarrollo, bienestar, laboral y política. Vistas en conjunto, estas miradas permiten comprender que la “prosperidad al debe” no es una contradicción, sino una señal. Una señal de que el país puede estar avanzando, pero no necesariamente de la mano de todos.
El país crece, sí… pero no crece igual pa’ todos. Hay sectores que avanzan, que se conectan con el mundo, que se montan en la ola del desarrollo. Pero también hay otros que siguen remando contra la corriente del Cesar y Magdalena con el agua al pecho.
En el Caribe lo sabemos bien. Aquí hay talento, hay cultura, hay historia, hay alegría… pero también hay abandono, desigualdad y oportunidades que llegan tarde o nunca llegan. Y esa mezcla es la que empuja a muchos a buscar otro horizonte. No es falta de amor por la tierra. Nuestra tierra, enseña a querer lo propio con fuerza. El que se va, se lleva el sabor, la música, la memoria. Se lleva el río, la brisa, la cumbia. Pero también se lleva una pregunta que no se resuelve fácil: ¿por qué tuve que irme para poder avanzar?
La prosperidad verdadera no debería obligar a nadie a escoger entre su tierra y su futuro.
Claro, el país ha mejorado en muchas cosas. Sería injusto no decirlo. Pero mejorar no es lo mismo que incluir. Crecer no es lo mismo que repartir. Y avanzar no significa que todos estén caminando al mismo ritmo. La deuda de esta prosperidad no está en los balances, está en la gente. En el joven que no encuentra oportunidades. En la madre que hace milagros con lo poco. En el profesional que siente que su esfuerzo no se refleja en su vida. En el que se despide en un aeropuerto con más incertidumbre que certezas.
“Prosperidad al debe” no es una condena. Es el sonido del tambor llamador.
Un llamado a que el progreso se sienta en el barrio, en la casa, en la mesa. A que no sea solo un titular, sino una experiencia compartida. A que el desarrollo no tenga acento de unos pocos, sino el tono diverso de todo un país, porque al final, un país no está verdaderamente bien cuando sus cifras lo dicen… sino cuando su gente lo siente.
En el Caribe, eso se sabe sin necesidad de explicarlo mucho. Aquí la vida se mide distinto: se mide en dignidad, en oportunidades… y en la posibilidad de quedarse sin tener que irse.
*Economista. Escritor. Folclorista. Galardonado como Compositor. Analista. Columnista.

