Por: Alfredo León Leyva*
Un apetecido mendrugo de pan ansiado por sus hijas hambrientas, le induce a un común robo entonces en Paris, recibiendo condena por cinco años; pero que los varios intentos de fuga prolongaron hasta 19 años de pena.
JEAN VALJEAN al cumplir su extendida pena, se encuentra en la calle rechazado al portar su pasaporte amarillo de ex convicto, y solo el Obispo Myriel lo acoge brindándole alimento y refugio. Pero el odio y resentimiento hacia la sociedad lo hacen pagar el favor recibido con el robo de los cubiertos de plata del Obispo, huyendo escapado por una ventana.
Pronto la policía lo detiene y lo lleva a donde el Obispo, que declara al policía que él le regaló la vajilla que porta VALJEAN, agregando incluso, que olvidó darle también los dos candelabros de plata; y consigue que la policía deje en libertad al retenido.
Seguido, el Obispo se acerca al señalado y al oído en tono casi audible le dice: Te perdono, pero prométeme que con el dinero producto de la venta de la vajilla y los candelabros de plata, redimirás tu vida y te transformaras en una persona de bien.
Extraviado en sus pensamientos, unas veces bucólicos y trastornados, y en otras con lineal cordura, y entre el oleaje de esas andanzas roba sin querer parece queriendo, una moneda de 40 sueldos de un saboyano llamado Petit Gervais; ocultando aquello, pisándolo con la suela de su calzado. Y acusado por su propia conciencia por tal acto, trata de alcanzar en su remordimiento al timado Gervais, sin poder lograr alcanzarlo para devolver lo robado; y tras estos pasajes decide cumplir la promesa dada al Obispo.
Mucho tiempo después VALJEAN aparece en los Alpes, al otro extremo de Francia con el nombre de Monsieur MADELEINE, enriquecido por medios honestos y convirtiéndose en benefactor de la ciudad de MONTREUIL-SUR-MER, en donde le nombran Alcalde.
Es un aparte del personaje principal de LOS MISERABLES de Víctor Hugo, que pareciera nos re cuerda las oportunidades que nos brinda la vida, aun cuando pareciera que ya no hay ocasiones para tales venturas.
Casos los hay, los ha habido, y los habrá; pero no sabría decir, que el sino de la vida de cada quien sea merecido o no. Y si así lo creyere merecido como acostumbramos a creer, y no se diera; entonces la teoría de lo ejemplar se destruiría al no suceder así como lo hacen creer. Diremos que las cosas suceden solo porque suceden o tienen que suceder.
Según PLATÓN en su propio decir, “todo deseo es la expresión de una carencia”; y que siendo el comer, el beber y el fornicar, los dones de Afrodita dados al hombre; y debían ser moderados en la praxis, todos estos triviales dones del disfrute, pero al fin no tan transcendentales para el hombre como si lo digno es cultivar el saber para vivir en plenitud, concluía.
ARISTÓTELES y luego EPICURO, opinaron: El disfrute de los dones de afrodita y el saber, no eran incompatibles; pues: comer, beber, y fornicar, moderadas estas prácticas, conjugados con el afán del saber no eran incompatibles; pues, el ejercicio de estos dones, sobre todo fornicar con el mayor arte e imaginación posible, era lo que hacía distinguir al hombre de las bestias y de las formas más depravadas de la humanidad. Sin embargo, Epicuro aunque defendía el placer como fin de la vida, los clasificaba entre duraderos y efímeros, siendo el riesgo de la pasión que con intensidades apasionada de los disfrutes de Afrodita causaba más perturbación, dependencia, y dolor a largo plazo que la satisfacción inmediata que brindan ellos; lo cual afecta directo a la tranquilidad mental que él llamó: Ataraxia, tomado del ideal ético y existencial que describía un estado libre de perturbación emocional en el mundo helenístico.
¡Vaya! ¿Qué sorpresas se consigue en la vida el hombre? Y ocurre hoy como ha ocurrido en el pasado tantas veces. David, el joven cuidador de ovejas en el desierto llega a ser Rey; y el que no sabía nadar, preocupado hace un Arca y más tarde nadará sobre las aguas en el diluvio.
José, el vendido por sus hermanos como esclavo, llega a ser príncipe de Egipto; y el ladrón JEAN VALJEAN después de ladrón llega a ser el Alcalde honesto de aquel pueblo de Francia.
JEAN VALJEAN encontró sin buscar en el camino oscuro a su lumbre, y la halló en aquel bonachón Obispo. Espera tu lumbre que ilumine tu oscurana temporal ruta. Ya llegará.
Esos milagros que suceden todos los días, y aunque no nos percatemos de ellos, se leen en la literatura universal por millones como granos de arena en las playas de los mares. Y es que todos los días, hay alguien en el último lugar de la fila espera por su milagro; y cada mañana ese oportuno último, amanece siendo el primero. Y con su milagro tenido.
¡Caramba!
En Colombia los alcaldes fueron, son, y nunca dejaron de ser ladrones. Ojalá la Historia de JEAN VALJEAN que dio a conocer Víctor Hugo en “Los Miserables”, sea leída por los futuros candidatos, a ver si los inspira y dejan de ser, digo: Ladrones.
*Ingeniero. Analista. Columnista

