Por: Alfredo León Leyva*.
Si me hubiesen dado la toalla, ya la hubiese tirado. Pero, hemos sido llamados a permanecer, no a rendirnos: “El que permanece fiel hasta la muerte, yo le daré la corona de la vida”. Apocalipsis 2:10.
En Griego: HUPOMENO, acepción que significa: “permanecer bajo” o “resistir con valentía”; y PROSKARTEREO, acepción cuyo significado trata de: “Adherirse firmemente, ser asiduo, persistir constante”. Ambas términos en sus acepciones, enfatizan marcado una firmeza de la fe ante cual sea el carácter de la prueba.
Te has preguntado alguna vez: ¿por qué los atletas en competencia no cargan ellos la toalla? ¿La lleva con él el maratonista cuando compite? ¿Acaso el nadador se lanza a la pileta con ella? ¿La carga acaso el futbolista cuando está en el fragor del partido de futbol? ¿Se imaginan ver a un equitador en competencia encima del caballo con una toalla? O, ¿ A un beisbolista catapultado por un hit de tercera a home con una toalla encima? y, ¿a un boxeador dando “One-Two” cargando una toalla?
Y sí, hay toallas en todas las competencias, pues el ejercicio produce sudor y hay que secarse; pero, la toalla en todas las competencias se mantiene afuera; y si el boxeador está en peligro de muerte, su manejador o entrenador entonces tira la toalla, porque solo él es que la tiene en esta lid. No es el boxeador el que desiste, es su manager.
Hoy a la IA como le decimos a la “inteligencia artificial”, le reconocemos casi todas las virtudes. Hemos hecho de la vida humana un resumen compendiado de lo que la memoria puede guardar; pero no es así en su totalidad.
No tiene la IA, VIDA INCONSCIENTE, desconoce total lo que es la incertidumbre como la angustia ante el tiempo; no puede soñar, no reconoce el lapsus. Ella está diseñada para ser siempre la fortaleza, o sea que es deshumanizada.
Pero el hombre tiene algo irremplazable, que es su fragilidad. Y cuando el hombre trata de ser fuerte, se deshumaniza.
Además, el hombre tiene preguntas que no piden respuestas, y si claman ser soportadas como preguntas; algunas tales como: ¿Por qué debo no morir? ¿Qué es la libertad? ¿Quién soy?
Todo esto solo puede estar sostenido por la capacidad de convivir con la incertidumbre, que es la que genera esas preguntas, que no provienen de la certeza.
No se debe temer a la inteligencia artificial, ni siquiera alcanzará la capacidad de almacenaje tenida en el Timo. Ahora, llegar al almacenaje de memoria del corazón que definió el pintor de la Gioconda, y que el evangelio nos recuerda que: “La boca habla del tesoro que guarda tu corazón”.
Ojo, la AI no tiene alma, el hombre sí. Y además, atentos: no tiene como nosotros, quien nos tire la toalla. Menos mal.
*Ingeniero. Analista. Columnista

