Saúl Alfonso Herrera Vengoechea- Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato, Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

Por: Saúl Alfonso Herrera Vengoechea*

Nos dice dignidad, expresión profunda del respeto por los seres humanos, de la empatía que existe entre todas y todos nosotros y del valor de cada individuo. La dignidad en la juventud implica reconocer el valor intrínseco de los jóvenes como sujetos de derechos, no solo como receptores de protección, garantizando su participación, libertad de expresión y desarrollo integral. Defender esta dignidad requiere asegurar oportunidades educativas, laborales y un trato respetuoso que fomente su autonomía y papel activo en la sociedad. 

No está por demás decir que hay momentos en la historia que todo lo define, decisiones que, aunque acertadas, inadecuadas o polémicas muchas veces, trazan un rumbo claro hacia el respeto y la dignidad; de ahí que como jóvenes debamos enseñarnos a ser protagonistas, no vivir bajo la narrativa de estar aceptando siempre imposiciones, como tampoco dejar que la dignidad se relegue a un segundo plano.

En definitiva, decir que no podemos dejar que se pisotee nuestra dignidad y menos que se no se nos tenga en cuanta, relegue, se nos deshumanice o discrimine. Tenemos que de manera permanente enviar mensajes coherentes que en verdad resuenen en el ámbito Enel que nos encontremos y en los que debemos actuar e interactuar en beneficio no solo de nosotros como juventud, sino de todos como sociedad.

Tenemos que ir tras la búsqueda y procura de las mejores oportunidades, reafirmarnos, adoptar posturas ciertas, reflejarnos con propiedad, exigir respeto y actuar para ser referente y convertirnos en faro que coadyuve a que se den a futuro las mejores decisiones como nación. Es darnos a la tarea de reflexionar sobre el país que queremos construir lo que dignifica, priorizar, exigir que las decisiones sean las mejores en ruta a el l inicio de cambios positivos reales y profundos; entender que el respeto se gana con acciones firmes y justas, que la dignidad no es una concesión como tampoco negociable, sino una autoestima, un derecho y que tenemos voz, memoria y fortaleza.

Debemos ser una juventud interesada en la buena y mejor política, en lo macro y en lo micro, en la preservación del medio ambiente, la real seguridad social, una educación de libre y de calidad, servicios públicos efectivos que resuelvan necesidades básicas y espacios de cohesión social, comunicarnos y buscar los espacios superiores donde actuar podamos, a efecto de mostrar y demostrar resultados y que capaces somos de sólidas acciones orientadas a la excelencia y la optimización.

 *Estudiante de Décimo Grado de Bachillerato.  Colegio Cristiano La Esperanza. Columnista

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