Por Carlos Villota Santacruz

Internacionalista, experto en marketing político, marketing de ciudad, comunicador social y periodista. Escritor. Coautor del libro “Gobierne bien y hágalo saber” –edición en Colombia y México-

En la última década, la democracia en el Perú y su sistema institucional ha sido asaltado hasta sus cimientos por el flagelo de la corrupción. Prueba de ello, es que este país observó con sorpresa como ex presidentes eran privados de la libertad. Incluso, uno de ellos, Alan García se suicidó antes de vivir el “espectáculo” de pasar la recta final de su vida tras las rejas.

En la puerta de la segunda vuelta presidencial, está en juego no solo el futuro del país, sino de interpretar la esperanza de los ciudadanos que a través de múltiples marchas en las calles han dejado su voz y su malestar por la presencia de la corrupción. Mirando los indicadores económicos de esta nación suramericana, donde 6 personas de 10 están sumergidas en la pobreza, la corrupción se ha constituido en un obstáculo enorme para el desarrollo.

Es decir, el Perú tiene la posibilidad de corregir el rumbo, a través del segundo tiempo de la campaña electoral que dejó a Pedro Castillo y Keiko Fujimori, para disputarse un cargo, desprestigiado y en la mira de la opinión pública nacional e internacional.

Los ciudadanos están reclamando un líder. Un presidente inspirador Con capacidad de soñar. De orientar la gestión del Estado a resultados. Que tenga pasión. Disposición al riesgo. Que sea inteligente, organizado. Que tenga coraje para tomar las decisiones en los meses por venir. Que tenga audacia para navegar en las “aguas desconocidas de la emergencia sanitaria”

Quién resulte electo, debe tener una alta cuota de sacrificio en procura de darle una “bocanada de aire fresco” a la democracia y a la política. Solo bajo esta hoja de ruta, recuperara su verdadero sentido. En otras palabras, en un escenario adverso –donde está en juego la vida de los peruanos- será responsabilidad del entrante Jefe de Estado dejar de lado los intereses particulares y colocarse en los zapatos de los ciudadanos y del país.

Recorriendo las calles de Lima y Arequipa, se comprueba que sus habitantes demandan un cambio. Ese cambio, es la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad. Una tarea que debe ser de largo aliento. Acompañada de una reforma judicial y político. Se podría decir, que una restructuración de la democracia.

El Perú no tiene derecho a equivocarse nuevamente, a la hora de votar. Si los candidatos a la presidencia Pedro Castillo y Keiko Fujimori le preguntan a los ciudadanos: ¿en qué país quieren vivir? La respuesta es: “cambiar de página y decirle no a la corrupción. Con decisión y acción. Colocando en la cárcel a los responsables del saqueo del erario público”.

Los que reclaman los ciudadanos en las calles, es un llamado a la acción –de quién resulte ganador o ganadora- Con capacidad de construir una agenda de Gobierno basada en la trasparencia, la rendición de cuentas y de responsabilidad “De cara al futuro, estén dispuestos a apoyar nuevos acuerdos internacionales que establezcan normas y sistemas que mejoren el intercambio de información entre el Perú y sus homólogos en América Latina, Europa, Asía. El mismo Estados Unidos. Así se cortará la “cadena” del flujo ilícito de fondos.

Conociendolo que hay que hacer, el entrante mandatario o mandataria, está llamado a usar la innovación y la tecnología para impulsar el cambio en el manejo del EstadoLa tecnología –será vital- para ayudar a mejorar la prestación de servicios y aumentar el escrutinio de cómo se usan los fondos públicos.

No en vanoel uso de tarjetas inteligentes biométricas en India ha dado lugar a que se desvíen menos recursos de sus fines previstos, los titulares de esas tarjetas recibieron 35 % más dinero en relación con un programa público de empleo y recibieron sus pagos un 30 % más rápido que otros beneficiarios del programa. En Mindanao (Filipinas), el seguimiento geoespacial y la fotografía digital han contribuido a la construcción oportuna de caminos en zonas sumidas en conflictos.

En la investigación de la consultoría política en el continente, he podido establecer que los activos “mal habidos suelen guardarse en países desarrollados, lo que empobrece más a los países en desarrollo”. Y eso, es lo que los ciudadanos en el Perú, quieren que se coloque fin. Si no se hace a tiempo, el país será una “caldera” social y económica. Escoger un nuevo presidente, se habrá convertido en más que una solución en un nuevo problema. A propósito de este comentario usted que piensa. E mail villotasantacruzcarlos@yahoo.com.co

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