JOSÉ MANUEL HERRERA VILLA- Profesional en Administración y Finanzas.

Por: José Manuel Herrera Villa*

La ciudadanía social se nos señala como un concepto que describe el estatus de los miembros de pleno derecho de una comunidad, abarcando un conjunto de derechos sociales, civiles y políticos, el cual fue popularizado por Thomas H. Marshall en 1950, que la refirió a tener acceso a derechos básicos como la salud, la educación, el trabajo y la seguridad social, además de los derechos cívicos y políticos tradicionales, siendo su objetivo asegurar que los ciudadanos puedan vivir con un mínimo de bienestar y participar plenamente en la sociedad, así mismo, la dimensionó en contexto de ciudadanía civil,  política social y respecto de derechos, deberes, igualdad y bienestar.

Reside la ciudadanía social en el ejercicio de derechos sociales, tales como el trabajo, la educación, la seguridad social, la alimentación, la vivienda y otros, sin los cuales no habría ciudadanía completa. Luego de la Revolución Francesa se robusteció el concepto de ciudadanía, quedando el individuo escindido en un binomio: ciudadano en lo político y propietario en lo económico, lo que era una ficción jurídica, toda vez que sólo una pequeña porción de la sociedad era propietaria de tierras o fábricas. Sin embargo, con ello se consolidaba una visión ideológica: la del individuo con derechos políticos (votar y ser votado) y derechos civiles (tener propiedad y defenderla en tribunales).

La sociedad feudal, que condenaba a cada persona a pertenecer toda la vida a la clase social en la que había nacido, terminaba. Ahora había derechos políticos y civiles, y con ellos, igualdad de oportunidades. En dicha sociedad, el siervo de la gleba no podían llegar a ser noble nunca. Pero en la moderna sociedad, el obrero podía llegar a ser un empresario. El nacimiento no era una condena perpetua de la condición social. No obstante, la mayoría de la sociedad nunca ascendió. Aunque en lo individual una persona lograra movilidad social, lo cierto es que un siglo después de la Revolución Francesa, la mayoría de los habitantes de los países industriales seguían siendo pobres

Después de la Segunda Guerra Mundial, a mediados del siglo XX, T. H.  Marshall, como ya dijimos, hizo la crítica del concepto de ciudadanía y propuso las dimensiones política, civil y social, además de sostener que sin lo social  no hay una ciudadanía completa y que la propia ciudadanía política no puede ejercerse con libertad sin ella, puesto que la ciudadanía social reside en el ejercicio de derechos sociales, tales como el trabajo, la educación, la seguridad social, la alimentación, la vivienda y otros, sin los cuales no sería completa.

Con la ciudadanía social apareció la igualdad de posiciones. Francois Dubet afirma que con la igualdad de oportunidades un pobre puede llegar a la cima de la escalera social, pero la distancia entre el peldaño más bajo y el peldaño más alto siguen igual de distantes para los demás y que en cambio la igualdad de posiciones acerca la distancia entre el escalón más bajo y el escalón más alto, disminuyendo la desigualdad social y la pobreza.

Daría mucho gusto que, entre nosotros, luego de los tiempos, podamos vivir una etapa  de cambios y reales transformaciones que se expresen en una ciudadanía más completa, con más democracia, más libertades y más igualdad social, una ciudadanía política, civil y social que nos acerque como debería y tendría que ser, a una verdadera igualdad de posiciones.

*Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Especializado en Proyectos de Desarrollo. Columnista

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