nicola stornelli. Analista e Investigador de Tendencias Digitales. Valledupar. Colombia

Por: Nicola Stornelli García*

La Asociación de Municipios de las Rutas del Vallenato puede ser entidad mixta que impulse cultura, economía creativa y empleo digno en la región.

Me voy a permitir transcribir un trozo de un ensayo corto titulado El síndrome del vallenato: apuntes para una reflexión, que nos publicó EL TIEMPO hace veinte años: “… ¿Qué es el país y el hombre vallenato? Se ha dado por llamar así a toda una comarca que comprende el valle del río Cesar y gran parte del valle del Rancherías que estuvo aislada del desarrollo que vivieron las ciudades portuarias como Santa Marta y Riohacha

Separada del mar y del contacto con la capital de la provincia por la Sierra Nevada y por los espesos y muchas veces hostiles bosques tropicales y sus ríos, los españoles se demoraron 25 años, después de fundada Santa Marta, en llegar al sitio en que establecieron a la hoy Valledupar. Esa referencia temporal nos muestra lo difícil que fue desplazarse por la espesa manigua que circundaba la Sierra. Luego de establecidos allí los españoles supieron, por los indígenas, que era más expedito el camino por el norte, saliendo a Dibulla, para llegar a Santa Marta…”. Por eso Valledupar era y es la Tierra del Olvido, el Macondo de nuestro Gabo.

El emblemático título del disco de Carlos Vives que significó una disrupción en la forma de interpretar y sentir nuestra música folclórica más representativa hoy día nos sirve, también, para mostrar que la capital mundial del vallenato ha vivido de espaldas a la realidad de todo ese potencial de las industrias creativas y culturales y que sigue siendo una región que por mirarse al ombligo, no ha sido capaz de encauzar el desarrollo que la coloque a la par de sus ciudades hermanas en el Caribe; ya no somos, y creo que nunca, realmente, lo fuimos, la Sorpresa Caribe.

El vallenato ha dado para crear una nueva clase social, la de los músicos exitosos que irrigan sus ingresos en la economía de una ciudad –que es el nodo de una macrorregión– que aparece, tristemente, en los últimos lugares de desempeño fiscal, ingreso per cápita, desarrollo económico y social y cuyos exorbitantes ingresos de regalías, en los últimos 30 años, solo han servido para enriquecer a una jauría de políticos corruptos –muchos presos– y para inflar el producto interno bruto (PIB) de la ciudad y del departamento del cual es capital. Si se revisan estadísticas y vemos que el índice de pobreza monetaria (IPM) estaba en 51,7 en 2012 y que en 2022 estaba en 51,9, se puede colegir que no se ha avanzado mucho. Algunos defensores de oficio de la tiranía clientelista local dirán que esos mismos indicadores no hablan muy bien de los otros departamentos del Caribe y, también, podrán argüir que el mejoramiento del IPM de La Guajira está inflado por las regalías regadas en todo el departamento, a contrario sensu del Cesar que solo llegan a cinco municipios y a la Gobernación; la sola cifra de desnutrición y mortalidad infantil en las tierras guajiras habla por sí sola del desgreño y la corrupción que ha habido con la “maldición de de las materias primas”. Debemos reconocer que el índice de pobreza multidimensional del Cesar y Valledupar, que se comenzó a medir en 2018, ha bajado.

¿Sorpresa Caribe?

Los conocedores de la cosa pública de la ciudad de la Cacica dicen que la ciudad viene en un deterioro de 28 años de malas o pésimas administraciones que han convertido a la otrora Sorpresa Caribe en una ciudad atrasada en todos los indicadores económicos y sociales. Una ciudad en donde se perdió la cultura ciudadana y a donde llegan desempleados de todas  partes de la costa Atlántica a trabajar de “mototaxistas” y, desde hace algunos años, bastantes venezolanos. Una ciudad que estuvo a punto de perder a su empresa emblemática, Klaren’s, por culpa de un gerente ladrón y de la quiebra de Justo & Bueno. Una ciudad que, como lo dije hace 8 años, no ha visto nacer una empresa del sector real en más de veinte años. Cuando dije eso un amigo me llamó y me dijo que sí había, y mencionó a Arepas La Leyenda, Cementos Vallenato y Lácteos La Primavera. ¡Hágame el favor! Una ciudad que ofrece bienes y servicios a una macrorregiónque incluye municipios del Cesar, La Guajira, Magdalena e incluso Bolívar y que ningún alcalde, lea bien, ningún alcalde ha entendido eso y ninguno ha hecho un plan de desarrollo pensando en esa realidad.

Según datos del Dane del año pasado, la pobreza monetaria afecta a un 49,8 % de los hogares, y la pobreza extrema afecta a un 18 %. Esto significa que aproximadamente la mitad de la población de Valledupar vive por debajo de la línea de pobreza, y una proporción significativa enfrenta condiciones de pobreza extrema, caracterizada por la falta de acceso a necesidades básicas como alimentación; el año pasado tuvo un exagerado incremento de casos de desnutrición infantil. Valledupar es la segunda ciudad con mayor incidencia de pobreza monetaria en Colombia, solo superada por Quibdó, según la entidad reguladora de las estadísticas oficiales. Según la encuesta de Pulso Social de 2023, el 85 % de los habitantes de Valledupar se consideran pobres, casi el doble del promedio nacional (44 %). ¡El 85 %!

Rutas del Vallenato. Según un estudio del Cesore (Centro de Estudios Socioeconómicos y Regionales) de 2021, “las actividades artísticas y de entretenimiento a pesar de ser el 1 % de la economía departamental contribuyeron con el 10 % de los empleos, 46.000 personas ocupadas (22.000 en Valledupar) en actividades formales e informales y algo más interesante: después de la pandemia, este sector presenta un crecimiento que lo sitúa por encima de sus niveles prepandemia. Tiene grandes potencialidades de crecimiento”. Y en la investigación Historia, economía y canciones en el folclor vallenato, publicada en enero de este año, encontramos este dato: “Como un ejemplo de lo que económicamente significan dichas actividades, el joven investigador vallenato Fabián Dangond, en un interesante análisis sobre el impacto económico del Festival “silvestrista” (del cantante Silvestre Dangond) de noviembre del 2023, concluyó que dicho evento movilizó a 12.000 turistas y generó 2’500.000 dólares en 3 días. Mientras el Festival de La Leyenda Vallenata generó casi 9 millones de dólares ese mismo año. Estos dos eventos movilizaron restaurantes, comercio, transporte, servicios artísticos, hoteles que dinamizaron la economía y generaron impuestos, empleos, ingresos; por lo tanto, una agenda cultural, promocionada desde inicio de año, con marketing, publicidad y recursos gubernamentales repercutirá en bien de la ciudad. En su investigación, Dangond también ha identificado 57 festivales vallenatos en Colombia y el mundo, los cuales permanecen o existieron en algún momento y desaparecieron muchas veces por la falta de apoyo en su desarrollo 

«La pobreza monetaria afecta a un 49,8 % de los hogares, y la pobreza extrema afecta a un 18 %. La mitad de la población vive por debajo de la línea de pobreza»

Desde el gran festival en abril en Valledupar, pasando por La Guajira, el Caribe colombiano, el Magdalena Medio y la fría Boyacá, se llega a los festivales de Monterrey, en México, y Miami, en los Estados Unidos, con las notas de un acordeón”. Valga anotar que en el Festival Silvestrista, este año, fueron cuatro días con lleno total

Valledupar, el nodo de esa macrorregión, es la única de las tres capitales de la Sierra Nevada desde donde se pueden ver las nieves perpetuas a simple vista. Una ciudad que cuenta con un área de interés de conservación de aves (Aica). Una ciudad que está a menos de dos horas de la capital sagrada de las etnias indígenas de la Sierra, Nabusimake. Una ciudad y una región que tienen atractivos naturales y folclóricos para atraer turismo durante todo el año.

Lo que ningún estudio ha mostrado con claridad y profundidad es la sinergia y la simbiosis que hay entre varios municipios del norte del Cesar y del sur de La Guajira que son la cuna y el hogar de artistas y compositores vallenatos. Allí nacieron, allí viven muchos. Son intérpretes de las más sonadas agrupaciones del vallenato y hacen parte de ese grupo que hace circular sus ingresos económicos en Valledupar y en La Paz, San Diego, Manaure, Pueblo Bello, Codazzi y El Paso, en el Cesar, y La Jagua del Pilar, Urumita, El Molino, Villanueva y San Juan del Cesar, en La Guajira. Hay que resaltar que entre esos municipios y Valledupar hay, prácticamente, una conurbación; San Juan del Cesar, el más distante, está a menos de 60 minutos por carretera. La mayoría de sus habitantes tiene familiares en Valledupar, pernoctan con regularidad en la capital del Cesar y, con mucha frecuencia, hacen gran parte de sus compras de víveres, ropa, ferretería y autopartes en la capital mundial del vallenato, amén de utilizar los servicios de los centros de salud y de educación de la ciudad.

En estos municipios están la Ruta de Escalona, la Ruta de Leandro Díaz, la Ruta de Diomedes Díaz, la Ruta de los Compositores de Patillal, la Ruta de Alejo, la Ruta de los Zuleta, la Ruta de Jorge Oñate, y todos esos pueblos, cada uno de ellos, son museos vivos de la historia y las tradiciones de nuestro folclor vallenato.

Ya es hora de que todos los alcaldes se sienten y se dispongan a crear, junto con los empresarios y los líderes gremiales, la Asociación de Municipios de las Rutas del Vallenato, como una corporación de economía mixta que potencie las industrias creativas y culturales de la región y que permita y contribuya a generar empleo digno y estable para tantos jóvenes que hoy engrosan las filas del desempleo y que podamos, al fin, contar con un verdadero clúster de la Música Vallenata. Antes de escribir estas líneas hablamos con el director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Valledupar y el Cesar, José Luis Urón; con el rector de la Universidad Popular del Cesar, Rober Romero, con un miembro del consejo directivo de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata del cual omitimos su nombre a solicitud de él; con Miguel Villazón Quintero, socio de Klaren’s, la más importante empresa, ciento por ciento vallenata del sector real, y con Ricardo Reyes, de la familia propietaria de los supermercados Mi Futuro, y todos coincidieron que esta iniciativa puede ser la redención para una región que, según un cálculo conservador, podría haber recibido ingresos por regalías del carbón en el rango de 20 a 30 billones de pesos en los últimos 30 años y que tiene los niveles de pobreza que ya mencionamos.

Desde aquí convocamos a Carlos Vives y a Silvestre Dangond para que nos apoyen a cristalizar esta iniciativa y le pedimos a la bancada parlamentaria del Cesar y La Guajira apoyar con entusiasmo esta iniciativa; ellos saben de la conexión social y familiar entre el sur de La Guajira y la capital del Cesar. Contamos con ustedes para que Valledupar no siga siendo la Tierra del Olvido, sino de la Esperanza y de la Alegría, y esperamos que Carlos nos permita esa licencia literaria sin incomodarse. 

*Comunicador Social. Periodista. Investigador. Escritor. Poeta. Columnista

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