Por: Hernando Pacific Gnecco*
Por lo general, consideramos que la edad es una compilación de los días transcurridos desde nuestra llegada a esta dimensión hasta el momento en que decidimos medir ese tiempo. Pero ¿tenemos otras edades? La RAE considera la edad como el tiempo que ha vivido cada persona, animal o cosa, inclusive las entidades abstractas. Las autoridades sanitarias hablan de ciclos vitales agrupando personas de la misma edad; primera infancia, infancia, adolescencia, juventud, adultez y persona mayor. Todas estas maneras de calcular la edad se basan en la cronología; sin embargo, no es la única manera de medir la edad, y quizás las otras maneras de valorarla tengan tanto o más valor.
Hacia 1969, el médico británico Alex Comfort mencionó el concepto de edad biológica o edad fisiológica; ya se concebía desde antes, claro está. Los investigadores la han ligado a la genética y al estilo de vida; inciden factores como la alimentación, la actividad física, los niveles de estrés, cantidad y calidad del sueño y otros componentes como las toxinas ambientales o las que se ingieren, como el tabaco, el alcohol, sustancias psicotrópicas y alimentos ultraprocesados. En tiempos recientes se ha determinado que los estilos de vida saludables pueden prevenir o ralentizar el daño causado por tales factores y, por lo tanto, el envejecimiento. Cada vez se conoce más acerca de estos asuntos; los resultados de las investigaciones nos han hecho tomar conciencia de ellos. Steve Horvarth, de la Universidad de California, expuso el concepto de reloj biológico desarrollando un algoritmo, “reloj epigenético” para medir los cambios moleculares que se acumulan en el ADN y determinan el ritmo de nuestro deterioro. Biológicamente estamos determinados a vivir un tiempo definido; la esperanza de vida cambia con los hábitos personales y sociales. Si bien la prevención hace lo suyo mejorando la expectativa de vida, las enfermedades crónicas no transmisibles son más evidentes cuanta más edad biológica tengamos; además, hoy se diagnostican precozmente. Hay que sumar también asuntos como la educación o el nivel socioeconómico.
Surge ahora la edad funcional, entendida como la capacidad de realizar las tareas y actividades propias de la edad cronológica. Muy relacionada con la edad biológica, determina la posibilidad de realizar las tareas físicas y mentales propias de nuestro grupo etario. Aparece entonces el concepto de la edad psicológica, que se refiere al comportamiento de alguien en relación con su edad cronológica; “te comportas como un pelao”, le decimos a quienes tienen actuaciones pueriles o, “pareces un viejo”, a quienes se portan como gente mucho mayor; esta edad actúa de la mano de la edad subjetiva, que tienen dos vertientes: como nos vemos a nosotros mismos y como nos perciben los demás según nuestra cronología.
La edad social, que se refiere a la manera en que nos relacionamos con las demás personas, guarda estrecha relación con la edad psicológica y con el rol que cada quien desempeña en la sociedad, relativo a su profesión, oficio o actividad, a sus cargos jerárquicos, al respeto por los semejantes y sus derechos, al ambiente, a todo lo que nos rodea. En otras palabras, se relaciona con civismo, urbanidad, integridad, honestidad, etc.
Un tema de mayor calado es la edad espiritual, cuando sobrepasamos el plano material; más que con las creencias religiosas, significa el estado del crecimiento en este plano. Hay quienes le ponen una especie de edad cronológica a la edad espiritual, en 7 niveles distintos; el último corresponde a la iluminación. Las religiones budistas hablan del Nirvana como máximo logro espiritual. ¿Y qué es la espiritualidad? Podemos definirla como la búsqueda del sentido de la vida y la vivencia de algo interior que trasciende lo material; es una sensación de paz consigo mismo y con todo lo que nos rodea, un propósito de existencia y una conexión con lo verdaderamente trascendente. La complejidad de la vida nos pone permanentemente en edades distintas que, en muchos casos, son criterios interrelacionados, variables y susceptibles de mejorar.
**Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Columnista
![]()

