Por: Ec. Omar Escobar
Un 17 de diciembre de 1936 nació en Buenos Aires, Argentina, Jorge Mario Bergoglio, hijo de inmigrantes italianos quienes escapaban del fascismo. Su padre, Mario, era contador y su madre, Regina Sivori, ama de casa de fuerte carácter se ocupó de la formación y crianza de cinco hijos. Su contexto, un hogar de clase media… él, a diferencia de sus compatriotas, es minimalista y humilde en su forma de ser. Bergoglio fue técnico químico, pero más tarde entró al seminario diocesano y en 1969 recibió la ordenación sacerdotal. Prosiguió su preparación en la Compañía de Jesús entre 1970 a 1971 en Alcalá de Henares (España). Mas tarde sería profesor de literatura, psicología, maestro de novicios y de teología. En marzo de 1986 se traslada a Alemania para ultimar la tesis doctoral. Es autor de los libros Meditaciones para religiosos (1982), Reflexiones sobre la vida apostólica (1986) y Reflexiones de esperanza (1992).
Evidentemente, es un hombre dedicado a la academia y muy activo en su campo, por ello hizo parte de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, para el clero, para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica; también hizo parte del Consejo pontificio para la familia y de la Comisión pontificia para América Latina, que le valió, en 1992, su nombramiento como obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires y en 1998, arzobispo primado de Argentina. Tres años más tarde, Juan Pablo II lo eleva a cardenal y también es nombrado relator general adjunto para la décima asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos. Llama la atención como en 2002 declina el nombramiento como presidente de la Conferencia episcopal argentina, pero tres años después es elegido y más tarde reconfirmado por otro trienio en 2008. En abril de 2005, participa en el cónclave en el que es elegido Benedicto XVI. Y el 13 de marzo de 2013, el cónclave lo eligió como papa, siendo el primer papa jesuita, el primer papa Latinoamericano, el primero no europeo.
Siendo arzobispo de Buenos Aires, lleva a cabo un proyecto misionero sustentado en las “comunidades abiertas y fraternas” y la asistencia a los pobres y a los enfermos y en 2009 lanza a nivel nacional la campaña de solidaridad por el bicentenario de la independencia del país: doscientas obras de caridad para llevar a cabo hasta 2016. Estos hechos son concordantes con alguna de sus afirmaciones “Mi gente es pobre y yo soy uno de ellos”. No era demagogia, pues lo aplicaba en su propia vida. Desde el inicio de su pontificado se negó a los lujos del Vaticano y vivió en su antiguo apartamento de cardenal, también renunció a la limosina papal, invitó a mendigos a desayunar con él, pues «me gustaría tener una Iglesia pobre y para los pobres» dijo alguna vez. Sin embargo, la renuncia a los lujos, , fue una afrenta para la curia ortodoxa, más aún cuando se atrevió a cuestionar y tratar de reformar aspectos administrativos y el derecho canónico en cuanto a los tribunales eclesiásticos frente al aborto y las comunidades homosexuales.
La transparencia en las finanzas vaticanas, no es costumbre ni está bien vista por la burocracia canónica, caracterizada por largos y tediosos procesos administrativos. El cardenal guineano Robert Sarah, fue un fuerte opositor a la aceptación del matrimonio homosexual. El estadounidense Raymond Leo Burke, fue despojado de sus privilegios y con más ahínco rechaza el aborto, el divorcio y a la comunidad LGTBI… es más, es partidario de volver a la “misa tridentina”. El germano Gerhard Ludwig Müller, fue destituido por Bergoglio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, (antigua Inquisición) y denunció públicamente a Francisco por cometer «muchas herejías materiales». Estos tres cardenales se niegan a cuestionar la misión evangelizadora, la simplificación de la burocracia, la censura, y esquivan el tema de la pedofilia, son y serán quienes se acomodan con las élites del resto del mundo para continuar con los privilegios del Vaticano, privilegios que cuestionó Juan Pablo I y Francisco. “Pisotear la dignidad de una persona es pecado grave”, solía decir.
El hecho de adoptar el nombre de Francisco, asociado con la defensa a los animales y el ambiente, ponían de manifiesto su pensamiento social humanitario, apegado a la defensa del débil, del humilde. Heredó de su madre, el carácter y de allí su osadía, para enfrentar a sus contradictores, nombrando a más de 140 cardenales no europeos y moverse en el campo geopolítico con firmeza, enarbolando la difícil tarea de la paz en medio oriente y en Colombia. «El establecimiento de la paz exige valentía, mucho más que la guerra», dijo el Papa Francisco tras la reunión entre palestina e Israel… eso solo lo entienden, las víctimas del conflicto y Mandela. Si bien fue flexible con rituales a parejas del mismo sexo, no logró avanzar en el desmantelamiento y colaboración con la justicia civil respecto a los abusos a menores de edad por parte de sa cerdotes.
Su formación jesuita, su minimalismo, su vivencia en Argentina – país que sufrió dictaduras, al igual que sus abuelos- dio origen a un hombre con una visión amplia, libre, en defensa de la dignidad humana, partiendo desde el humilde hasta la defensa del ambiente, de las relaciones interreligiosas, de los migrantes, de los gay, contrastando abiertamente con los actuales mandatarios anglosajones de los grandes países y su tendencia ideológica ultra conservadora – algo paradójico en esta época. Con su muerte, los cristianos de a pie quedan desprotegidos, pues fue un referente de la corriente social de la iglesia; criticada públicamente desde el mismo Vaticano y criticada, en voz baja, en las reuniones de los republicanos y sus seguidores en el mundo.

![]()

