MÉDICO HERNANDO RAFAEL PACIFIC GNECCO

Por: Hernando Pacific Gnecco*

Las migraciones ilegales y las deportaciones no son noticia nueva, pero ahora se han convertido en enormes problemas multilaterales ¿Por qué suceden, por qué son problemas y cuáles pueden ser las soluciones razonables?

Como lo expuse hace 10 años en el artículo “Muros infames”, uno de los recursos más oprobiosos para detener las migraciones son las murallas denigrantes que separan familias o naciones como si los migrantes portaran enfermedades aterradoras o fueran seres despreciables. Hay de todo un poco.

El Parlamento Europeo, en un artículo fechado este año, explora las causas de las migraciones, voluntarias o forzadas. Por un lado, está la esperanza de un encontrar un mejor futuro, —la menor de las razones para desarraigarse— dejando atrás familias, países, historias de vida y culturas. Hay motivos de mayor calado, como persecuciones religiosas, raciales, políticas o culturales causadas primordialmente por las guerras y agravadas por las violaciones de los derechos humanos que expulsan a muchas personas de su entorno. Los migrantes suelen asentarse en países cercanos con mayor sentido humanitario que aplican el Convenio de Ginebra. Otra fuente de migración procede de naciones en situaciones socioeconómicas difíciles que ha repercutido en distintos continentes, aportando una importante cantidad de migrantes a Europa especialmente, con personas provenientes de África, Siria, Afganistán y Ucrania, especialmente.

Los cambios demográficos son otros determinantes de las migraciones, que fuerzan la salida de personas cuando las poblaciones crecen o disminuyen excesivamente. A ello contribuyen legislaciones laborales inadecuadas, desempleo y otros factores socioeconómicos. Es natural que busquen países con mejores condiciones salariales, mejor educación y niveles de vida superiores. Dos tercios de los trabajadores migrantes se concentran en países de rentas elevadas. Un tercer factor que motiva las migraciones se relaciona con desastres naturales, deforestación y climas extremos, pero es difícil estimar las cifras reales en tales casos.

La Unión Europea ha facilitado la migración en dos casos principales: una es la humanitaria y la otra es la necesidad de cerebros y mano de obra en un continente relativamente envejecido, con escaso crecimiento demográfico. Muchos países jóvenes son producto de la migración —Estados Unidos, Argentina, Brasil o Australia, por ejemplo— que contribuyeron a su crecimiento y desarrollo. Sin embargo, no siempre las migraciones son favorables, al menos en parte. El Reglamento de Dublín que propone controlarlas, fue revisado recientemente para desarrollar el Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo. Se revisarán las normas comunitarias sobre estos dos asuntos; esencialmente, adoptar a quienes cumplan determinados requisitos y rechazar a quienes no tengan derecho a quedarse.

El problema es de solución difícil: se construyen muros, hay patrullas fronterizas con equipamiento avanzado, satélites, drones, etc., pero es imposible contener las inmigraciones ilegales; las detenciones en las fronteras estadounidenses, 2500 diarias, o las permanentes deportaciones, no corrigen la situación. Mas de 11 millones de ilegales residen en los Estados Unidos; muchos de ellos contribuyen positivamente a la economía nacional. La actual campaña presidencial calentó el tema. Europa, más benevolente, no puede contener a los migrantes procedentes del Medio Oriente, África, Asia o Iberoamérica. El problema se agrava cuando algunos colectivos no se integran socioculturalmente; además, subsisten de ayudas estatales, generando ghettos apartados con lenguaje y cultura distintas. Consecuentemente, surge delincuencia común y organizada: pandillas, robos, extorsión, tráfico de personas y drogas, y hasta sicariato. Ciudades antes tranquilas hoy viven atemorizadas; todo empeora cuando los descendientes de esos inmigrantes nacen en el país receptor, pues no les aplica la deportación. Algunos países optan con restricciones severas a la llegada de personas, fórmulas coercitivas para impedir la inmigración o, sencillamente, la deportación de personas ilegales. Algunos plantean no reconocer como nacionales a los hijos de inmigrantes.

Las soluciones razonables deben atacar las causas: detener la guerra, llevar ayudas humanitarias con inversión social a los países más afectados, y políticas migratorias y de asilo menos condescendientes y flexibles con quien no lo merece.

Apostilla: Próxima inauguración en Santa Marta de la Librería Café de Pombo. Un precioso espacio cultural que merece todo el apoyo.

*Médico Cirujano. Especializado en Anestesiología y Reanimación. Docente Universitario. Conferencista. Columnista

¿Cómo le pareció el artículo?
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0
+1
0

Por editor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *