Por: Francisco Javier Vásquez Atencio*

De acuerdo estamos todos en que este que pasó fue un año aciago e imposible de olvidar. Un año que nos dejó vulnerabilidades alarmantes, preocupantes como el único balance cierto que podemos hacer. Nos dejó al descubierto múltiples falencias; por ejemplo, la deuda mayúscula que tenemos con los servicios públicos y otros muchos asuntos que creíamos resueltos pero que nos siguen acompañando. Somos terriblemente vulnerables en sanidad, educación y socialmente, aspectos que ameritan de un gran pacto que nos saque de ese dañoso aletargamiento.

 Esta emergencia ha puesto sobre la mesa lo necesario para que se trabaje en una política que nos iguale a todos en derechos fundamentales, que se demuestre que las políticas públicas no les queda grande, que la crisis económica puede superarse, que si bien todo cálculo es inseguro debe trabajarse para re direccionarlo todo y entender que de ahora en adelante las políticas ya no pueden seguir siendo las mismas.

Requerimos serenidad, políticas bien y mejor encauzadas, también grandes dosis de pragmatismo, acudir a lo más importante, prioritario y urgente, como es regenerar en lo posible las pérdidas del mercado económico y reprogramar la política después de lo sucedido. Poner en marcha los proyectos pendientes de concretar y los que esperan su punto final. Todo dependerá en gran parte de la sindéresis con que actuemos, en la resolución de dificultades; toda vez que es la incertidumbre uno de nuestros mayores problemas, lo que debe invitarnos a pensar de manera lógica para no fracasar ante las exigencias de la vida cotidiana en todas las áreas y niveles.

La falta de lógica está fuertemente asentada en nuestras vidas y nos lleva a pensar con frecuencia incorrectamente; de ahí que importante sea preguntarnos qué se entiende por pensar correctamente; expresión que implica que desde el primer momento esté claro cómo medir los asuntos, siendo siempre mejor evitar errores de pensamiento, prejuicios, conclusiones precipitadas y eliminar tendencias como el sesgo de confirmación al dar más crédito a las informaciones que se ajustan a nuestras propias expectativas, por la cual tomamos rápidamente unas pocas observaciones particulares como representativas.

Como personas pensantes, de una u otra forma inmersas en esto de la cosa pública, no podemos darnos el lujo de caer en las mismas trampas de razonamiento que el común de las gente inexperta en estas materias, lo que nos lleva a concluir que el criterio más frecuente para identificar un pensamiento correcto es su corrección lógica como lo pertinente; esto es, pensar en términos de preferencias, de juicios, de probabilidades, unas de las maneras mejores de adaptarnos continuamente a la incertidumbre, lo que resultan totalmente útil, en la medida en que debemos tomar decisiones casi siempre bajo condiciones difíciles, bien porque no disponemos de toda la información necesaria, o bien porque debemos actuar rápido, o porque las consecuencias futuras de nuestras decisiones dependen de un número excesivo de factores; y, por cuanto las reglas generales nunca harán justicia a todos los casos particulares, aunque sí brindan un buen camino pare decidir en beneficio colectivo atendiendo entre costo y beneficio. 

*Administrador de Empresas. Especializado en RR.HH. Especializado y Magister en Gerencia Social

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