Por: José Manuel Herrera Villa*

Se me dijo siempre en casa e igual le decían a mis padres mis abuelos, que no había que dejar pasar un día sin leer siquiera una línea, ya que leer implica identificar y comprender para establecer criterio y ahondar en la argumentación, y por cuanto además la lectura es una de las fuentes mejores, sino la mejor, de desarrollo y maduración del individuo, al ser la facultad intelectual, por la que nos informamos y formamos mediante la interpretación de un conjunto de palabras, números o símbolos, que el cerebro traduce dando sentido al conjunto. Ella, la lectura, tiene diferentes objetivos, disfrutar, pasarlo bien, reflexionar, obtener información concreta y conseguir determinada formación, entre otros. 

La lectura se dio 35 siglos A.C., con símbolos en vasijas de arcilla que permitían luego de cocidas, perpetuar el mensaje en signos cuyo significado llegaba a un número pequeño y privilegiado de personas. Con el tiempo, se desarrolló una escritura más compleja, con más cantidad y calidad de información hasta ser una actividad pública, pues los textos se leían públicamente. En el S XV se dio un gran paso a la difusión de la lectura gracias a la imprenta, en el XIX se popularizó individualmente; y, en el XX surgieron soportes técnicos, que la acercaron a la gente.

Con la lectura se aprende, se inicia una formación, en la que se da el proceso de la escritura, se recibe información que se transmite a las distintas áreas cerebrales, para el ejercicio de su operatividad, modifica el cerebro, potencia la materia gris, permite entender y comprender. Muchos son los beneficios de la lectura, Es actividad que nos democratiza y enriquece, nos acerca al saber y desde éste al diálogo, a la búsqueda de la transformación social y el progreso. Acerca al conocimiento de las cosas, interpretación y valor que ello tiene para el individuo y la sociedad, entretiene, acompaña, nos abre al mundo, nos muestra pueblos, civilizaciones, flora, fauna y todo lo que en el mundo existe.

Nos lleva a madurar, sentir, vivir, otear nuevos horizontes y perspectivas, revitaliza nuestras capacidades, nos flexibiliza, nos traslada a imaginarios diversos, aumenta nuestro horizonte y mundo interior. Enriquece vocabulario, fluidez verbal y versatilidad, ayuda a crecer lo empático por el acercamiento a los otros, permitiendo conocernos más y mejor. Hace surgir emociones, instalarnos en diferentes experiencias, reconocer y educar las emociones. Educar, permite transmitir, almacenar información, concentrarse, memorizar, concatenar ordenadamente los conceptos. Permite igualmente, gracias a su estímulo intelectual, desarrollar atención, pensar, reflexionar, deducir, progresar. Facilita la interpretación y el discernimiento junto a la aplicación u operatividad del significado.

 jomahevi@gmail.com 

Profesional en Administración y Finanzas. Especializado en Auditoría Integral. Formulación y Evaluación de Proyectos de Desarrollo

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