Álvaro BELTRÁN PINZÓN

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Luego de recorrer durante cinco años trochas, veredas, páramos, montañas, caminos de arriería y de navegar por sus brazos y ciénagas, apreciando en el Río el reflejo del espíritu del país, el antropólogo y etnógrafo canadiense, nacionalizado colombiano, Wade Davis, ha publicado el libro ʿMagdalena Historias de Colombiaʾ, llamado a ser un texto de forzosa lectura para quienes quieran entender nuestros conflictos y oportunidades.

Señala Davis que el Río Magdalena no solo es la principal arteria de comunicación sino la razón por la que Colombia existe como Nación. En su cuenca viven cuatro de cinco compatriotas; es la fuente del 80% de la riqueza económica del país; corredor primordial del comercio y epicentro de cultura, en el que nacen importantes manifestaciones de la música, la literatura y la poesía.

Una significación profunda que, sin embargo, no ha sido suficientemente motivadora para despertar la atención que se merece. Vertedero de desechos humanos e industriales que a lo largo de su recorrido enturbian y dañan sus aguas; víctima de la contaminación resultante de la minería ilegal y de la deforestación; convertido en tiempos oscuros en corriente amorfa de muertos, el gran río de la Magdalena ha padecido la incuria de un país y la amnesia generalizada de una sociedad que le ha dado la espalda y lo ha dejado a la deriva y al azar de las circunstancias adversas.

Una acción política que busque las formas de reencuentro con el río es aún factible, a partir de esa dimensión que evoca Borges, en uno de sus cuentos, al advertir que ser colombiano es “un acto de fe”, aludiendo a la fuerza de la esperanza que hace posible materializar los sueños. A veces se necesita esa mirada desde afuera para entender el valor de lo nuestro.

Los ríos, como sostienen los arahuacos, son un reflejo directo del estado espiritual de la gente; un indicador infalible del grado de conciencia que posee una comunidad. En sus palabras: ʿPara limpiar nuestras almas tenemos que limpiar el río, y para limpiar el río tenemos que limpiar nuestras almasʾ.

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