inocencio melendez julio. Doctor en Derecho Contractual. Estancia Altos Estudios Postdoctorales en Arbitraje.

Por: Inocencio Meléndez Julio, Ph.D.

En la política colombiana abundan quienes pretenden convertir su origen social, el color de su piel o una historia de dificultades en un título de propiedad sobre comunidades enteras. Hablan como si fueran los únicos autorizados para representar a millones de ciudadanos y como si quien no se somete a su discurso careciera de legitimidad. Frente a esa política de la victimización, el grito y la exclusión, la elección de Estefanel Gutiérrez Pérez como presidente de la Comisión Legal Afrocolombiana representa la llegada de un liderazgo distinto: preparado, territorial, incluyente y orientado hacia resultados.

Estefanel no apareció repentinamente en el Congreso ni fue fabricado por una tendencia de redes sociales. Nació en Barranquilla, creció en el barrio La Manga y construyó su trayectoria desde las comunidades populares de la ciudad. Conoce la desigualdad no porque la haya leído en un informe, sino porque proviene de sectores que durante décadas han luchado por educación, servicios públicos, seguridad y oportunidades. Desde allí ascendió al Concejo de Barranquilla, corporación en la que impulsó debates sobre inclusión social, participación de las comunidades afro y acceso a los servicios públicos. Posteriormente obtuvo 100.777 votos para representar territorialmente al Atlántico en la Cámara.

Su historia, sin embargo, no se agota en la narrativa del muchacho de barrio que llegó al poder. Estefanel comprendió que el origen popular no reemplaza la preparación y que representar a una comunidad exige estudiar, conocer el Estado y aprender a transformar las demandas sociales en políticas públicas. Es abogado, especialista en Derecho Constitucional, magíster en Gerencia y Práctica del Desarrollo de la Universidad de los Andes y posee un LL.M. de American University Washington College of Law. También cuenta con formación avanzada en derechos humanos y fue beneficiario de la beca Martin Luther King Jr., programa que le permitió participar en escenarios de liderazgo en Estados Unidos y representar a su comunidad ante organismos internacionales.

Ese recorrido explica que 29 congresistas lo eligieran presidente de la Comisión Legal para la Protección de los Derechos de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras. No recibió una dignidad decorativa: asumió la responsabilidad de impulsar iniciativas legislativas, ejercer control político, escuchar a los territorios y promover políticas que permitan cerrar brechas sociales y económicas. La nueva mesa directiva quedó integrada además por Jhon Alexander Molina, como vicepresidente, y Jorge Luis Utria, como coordinador.

La elección, sin embargo, desencadenó una disputa que revela uno de los problemas más dañinos de cierta política identitaria: la pretensión de medir quién es “más negro” y quién tiene mayores derechos sobre la representación afrocolombiana. Ese debate es absurdo, degradante y políticamente estéril. La identidad afro no puede convertirse en un instrumento para descalificar a quien piensa diferente, ni en una licencia para apropiarse de todos los espacios institucionales destinados a las comunidades negras.

Óscar David Benavides Angulo tiene derecho a defender sus posiciones. Es representante elegido por la circunscripción especial afro, abogado, especialista en Derecho Administrativo y dirigente proveniente de Tumaco. Su trayectoria personal merece reconocimiento y su votación le otorga legitimidad democrática.

Pero esa legitimidad no lo convierte en dueño de la representación afrocolombiana, ni lo autoriza para repartir certificados de autenticidad racial, desacreditar otros liderazgos o comportarse como si cada espacio relacionado con las comunidades negras tuviera que pertenecerle.

Las curules especiales no conceden propiedad sobre una raza. La Comisión Legal Afrocolombiana tampoco pertenece exclusivamente a los representantes elegidos por la circunscripción especial. Es un órgano del Congreso al servicio de todas las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. En consecuencia, un representante territorial afrodescendiente, nacido y criado en un barrio popular de Barranquilla, posee tanta legitimidad para presidirla como cualquier congresista elegido mediante una curul especial.

Estefanel expresó una verdad elemental: al final, todos somos negros. No quiso borrar las diferencias históricas ni desconocer las luchas particulares de los territorios; recordó que la causa afrocolombiana debe unir y no convertirse en una competencia por establecer quién sufrió más, quién tiene la piel más oscura o quién puede hablar con mayor volumen. Las comunidades necesitan agua potable, educación, vías, empleo, seguridad, crédito productivo y presencia institucional. Ninguna de esas necesidades se resuelve con una pelea entre congresistas.

Benavides corre el riesgo de reproducir el mismo estilo que tanto criticó en Miguel Polo Polo: una política construida alrededor del enfrentamiento permanente, la controversia personal y el espectáculo para redes. Cambiar la orientación ideológica del protagonista no modifica el método. Tanto desde la izquierda como desde la derecha, el grito continúa siendo grito, el insulto sigue siendo insulto y la provocación calculada no se convierte en gestión pública por acumular reproducciones o comentarios.

Un parlamentario no fue elegido para demostrar diariamente que sabe pelear. Fue elegido para legislar, presentar proyectos, ejercer control político, gestionar soluciones y construir mayorías. Cuando pierde una elección interna, su deber es aceptar democráticamente el resultado, examinar las razones de la derrota y continuar trabajando. Desconocer la legitimidad del ganador, descalificar a los colegas o convertir una diferencia parlamentaria en una batalla racial únicamente consigue fragmentar a las comunidades que afirma defender.

También resulta contradictorio cuestionar las “agendas personales” dentro de las curules especiales y luego actuar como si una agenda personal pudiera imponerse sobre la voluntad mayoritaria de una comisión. La defensa de los derechos afrocolombianos no necesita caudillos propietarios de la identidad colectiva. Requiere dirigentes capaces de cooperar, debatir racionalmente y admitir que dentro de la población afro existen distintas regiones, experiencias, partidos, ideologías y formas legítimas de liderazgo.

Mientras algunos compiten por establecer quién representa mejor el dolor, Estefanel habla de oportunidades. Mientras otros encuentran rentabilidad política en la revictimización permanente, él propone llevar la gestión a los territorios. Su mensaje —“menos discursos, más gestión y oportunidades”— resume el mandato que debería orientar a la Comisión. La población afrocolombiana no está condenada a presentarse eternamente como víctima; tiene derecho a ejercer poder, dirigir instituciones, crear empresas, acceder a las mejores universidades y participar en la construcción de Colombia.

Su crítica al denominado “Gabinete por la Vida” también debe entenderse dentro de esa lógica. Buena parte de sus integrantes ejerció responsabilidades durante el gobierno de Gustavo Petro y ahora pretende actuar como gabinete alternativo. Estefanel les recordó que las regiones no pueden alimentarse de discursos retrospectivos. Si durante cuatro años tuvieron ministerios, presupuestos, entidades y capacidad de decisión, deben explicar qué hicieron por el Caribe, el Chocó, Urabá y las comunidades afrocolombianas, cuáles obras terminaron y cuáles oportunidades dejaron creadas.

Llamarlos una “parranda de fracasados” puede resultar una expresión caribeña severa, pero encierra un reclamo político legítimo: quien tuvo el poder debe rendir cuentas antes de presentarse nuevamente como portador de todas las soluciones. No basta cambiar el nombre del gabinete, pasar de ministro a opositor y reaparecer con diagnósticos sobre los mismos problemas que no se resolvieron cuando se administraba el Estado.

A Estefanel Gutiérrez no le entregaron la presidencia de la Comisión Afrocolombiana para medir tonalidades de piel ni participar en riñas personales. Lo eligieron para producir resultados. Su reto será demostrar que su preparación académica, su experiencia territorial y su extraordinaria votación pueden traducirse en leyes, control político y soluciones concretas. Allí deberá estar la diferencia entre la notoriedad momentánea y el verdadero liderazgo.

Óscar Benavides todavía está a tiempo de abandonar la política del agravio y convertirse en un legislador eficaz. Si persiste en la confrontación como principal método de actuación, corre el riesgo de terminar atrapado en el ruido que él mismo produce. Las redes sociales pueden fabricar celebridad durante unos meses, pero no garantizan una carrera política duradera. El Congreso termina olvidando a quienes solamente gritan y recuerda a quienes construyen.

La elección de Estefanel representa, entonces, algo más grande que una victoria interna. Es la reivindicación del liderazgo afro que no pide permiso para estudiar, gobernar, dirigir y alcanzar espacios de poder. Es la historia de un hombre formado en un barrio popular de Barranquilla que pasó por el Concejo, conquistó una representación territorial en la Cámara y ahora preside uno de los escenarios institucionales más importantes para las comunidades afrocolombianas.

De La Manga al Congreso y del Congreso al liderazgo nacional: Estefanel Gutiérrez encarna la política de las oportunidades frente a la política de la revictimización. No necesita proclamarse el más negro de los negros. Le basta ser un colombiano afrodescendiente, orgulloso de su historia, respaldado por los votos, preparado profesionalmente y dispuesto a trabajar.

En definitiva, el color no puede ser utilizado para dividir a quienes padecen las mismas brechas. Que Estefanel y Benavides sean más o menos negros resulta irrelevante. Lo que Colombia espera de ambos es que trabajen. La diferencia es que Estefanel Gutiérrez ya entendió que el liderazgo no se impone a gritos: se gana con formación, resultados, respeto y capacidad para unir.

Comparar a Estafanel Gutiérrez con Óscar Benavides, es un acto de grosería contra el hoy Presidente de la Comisión Afro en el Congreso. 

*Abogado Especializado, Magister y Ph.D en varias ramas del Derecho. Autor. Escritor. Docente Universitario en Pregrado y Posgrado. Columnista.  

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