Por: Rafael Robles Solano*

Con este tema confrontacional, estamos llamados a reflexionar todos, pero especialmente aquellos cuyas acciones e intereses económicos prevalecen para la sustentación del llamado Desarrollo Sostenible, los que vienen afectando indirecta o directamente el reconocimiento necesario para que este, el cambio climático, no siga con su deterioro.

Como cité, argumentos vestidos con el ropaje del progreso o mejor,con el sofisma de: las economías naranjas, se manipula y disfrazan proyectos del desarrollo sostenible, como son los  agrarios,  industriales, ganaderos, comerciales, mineros, etc., sobre los cuales se ocultan sus verdaderos alcances e implicaciones frente al cambio climático, tema este que desde hace décadas se viene denunciando por diferentes organismos internacionales dedicados a la protección del medio ambiente, sin que los países desarrollados presten demasiada atención, pese a las tímidas y poco concretas medidas tomadas por el ACUERDO DE PARIS suscrito por 195 países, en el año 2016, dentro del marco de las Naciones Unidas sobre dicho tema, con el propósito de reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.  

Sin embargo, la realidad que vivimos, evidencia otra cosa, aunados al azote letal del Covid-19, pandemia que consiguió que la humanidad se viera confinada y marginada a sus hogares, obligando al cambio inmediato de costumbres económicas, ocasionando la ruina para muchos sectores productivos de medianos y pequeños emprendedores y comerciantes; laborales, por el enorme desempleo causado a las inermes masas de trabajadores; y sociales, por el marcado índice de pobreza que se acentuó por doquier.

Ahora toca enfrentar esta problemática, en medio de la inocultable perdida de los recursos naturales, resultantes de la explotación irracional de los mismos, donde se destaca la deforestación causada por manos criminales de incendios provocados en enormes regiones territoriales de América del Sur, especialmente en los llanos orientales, de la orinoquía y amazonias colombiana y brasilera, de Australia y África, como las observadas en los últimos dos años, confirma la triste y abrumadora desolación de los recursos naturales y de biodiversidad de dichas zonas geográficas, con la pérdida irreparable del ecosistema en su flora y fauna silvestres, cuyo sacrificio da paso a prósperos hatos ganaderos, cultivos industriales (y de narcotráfico), como de urbanizadores que se apoderan de esas tierras para validar su explotación comercial a espaldas del Estado. 

Hace algunos lustros, ambientalistas de diferentes organizaciones, pronosticaron por citar un ejemplo, sobre los peligros de invadir los ambientes naturales de las selvas tropicales vírgenes, dado que se desconocían sus condiciones y balances biodiversos de sus hábitat, porque el apoderarse de dichos espacios sin estudios previos, exponía no solo a la desaparición de mucha fauna, no sólo por la pérdida de sus ambientes naturales, sino porque los mismos seres humanos, asumen riesgos al irrumpir y alternar con sitios geográficos desconocidos, insanos, quedando expuestos a infecciones no conocidas, como puede ser el mismo Covid-19.           

En fin, lo cierto es que no hemos conseguido reducir la emisión de gases con efecto invernadero, la capa de ozono, la pérdida biodiversa de muchas especies en peligro de extinción, pero el cambio climático si nos muestra sus índices de calentamiento global, con afectación de los balances atmosféricos, la desaparición progresiva de los nevados, los cambios bruscos de las estaciones, los nuevos recorridos de los huracanes y ciclones, por citar algunos de sus efectos, evidenciando que aún son infructuosas nuestras soluciones. *Secretario Ejecutivo

E.Mail.: lideresocial@hotmail,com

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