Por: Ec. Omar Escobar.
Si quieres conocer a alguien, hazlo enfadar o sácalo de su confort. En parte puede ayudar a entender y comprender la conducta de los individuos. Durante el periodo de gobierno de Petro, sus ausencias, me llamaron la atención y últimamente, los consejos de ministros dado la torpeza en el manejo de ellos. Últimamente, como no recordar las ausencias, toda vez que era el anfitrión en plena Cumbre de jefes de Estado de la Asociación de Estados del Caribe en Montería o las desapariciones en viajes oficiales como en Paris y Manta Ecuador. Quienes lo conocen dicen las ausencias también sucedieron mientras fue alcalde de Bogotá. Ingrid Betancourt llego a afirmar que Gustavo Petro padecía de severos cuadros depresivos que lo llevaban a la inconciencia. Incluso, Armando Benedetti, dio a entender que el presidente tiene un problema de adicción a las drogas.
Bajo la hipótesis de consumo de sustancias psicoactivas, se debe a enfrentar situaciones extremas producto de su vida pasada y presente. Episodios del pasado como los sufridos durante los 16 meses en la cárcel Modelo de Bogotá, donde fue sometido a diferentes y brutales torturas, conlleva en el futuro a experimenta un estrés postraumático que afecta la manera de pensar, si estos no son tratados a tiempo. Quienes pasan por estos episodios pueden desarrollar depresión, insomnio, dificultad para concentrarse, aislamiento social, uso de sustancias como alcohol y drogas, entre otras consecuencias. Según los psicólogos clínicos, la conducta del presidente “corresponden a una trayectoria que viene en deterioro desde su período como alcalde de Bogotá, y no es algo espontáneo, sino que se cronifica, es decir, que se va deteriorando si no se le presta atención a tiempo”.
Por otro lado, quiera o no aceptarlo, se esta quedando sólo, pues a preferido jugar con el diablo, abandonando a sus antiguos colaboradores, que tal vez eran más fieles. Esa soledad es producto del desarrollo del narcisismo y el Síndrome de Hubris o la arrogancia. Es un estudio que el doctor Belisario Valbuena viene realizando al presidente a partir de las funciones ejecutivas como la memoria inmediata, el control de impulsos, la velocidad de procesamiento, la capacidad de tomar decisiones, ha intentado descifrar qué pasa por la mente del presidente, y los resultados son preocupantes. Según el especialista, el presidente “Cambia de temas con facilidad, temas que no siempre están conectados unos con otros. Hay también fluctuaciones en la autorregulación verbal y comportamental, que no son expresiones propias de alguien que tenga control conductual. Su discurso es repetitivo, paranoide, desconfiado, victimológico”. A nivel de personalidad, el especialista ha detectado rasgos de un narcisismo marcado; excesiva preocupación por sí mismo, una visión grandiosa de las propias capacidades, una necesidad constante de admiración, el convencimiento de ser el salvador. Se dice que este síndrome empieza a gestar en adultos de los 40 años en adelante, sobre todo en personas que han estado en periodos prolongados de poder y de liderazgo. El síndrome de Hubris se ha observado en el expresidente de Estados Unidos George Bush Junior, o en el exprimer ministro del Reino Unido, Tony Blair.
En específico, el Síndrome de Hubris, también llamado Síndrome de la Arrogancia —explica el doctor Belisario Valbuena—, es una condición que describe un ego desmedido y falta de humildad. Se caracteriza por una excesiva confianza en sí mismo, que puede llevar a la desconsideración de las opiniones de los demás y también a una desconexión con la realidad, lo que tal vez explique mucho de los discursos y las promesas de Petro como el tren entre Buenaventura y Barranquilla o acabar con el ELN en tres meses.
En los gobernantes, el síndrome de Hubris puede llevar a la toma de decisiones impulsivas e imprudentes —como la crisis con Estados Unidos que Petro desató tras un tuit en la madrugada—, falta de flexibilidad e incapacidad de escuchar a los demás, algo que tampoco es nuevo en el presidente y que también le ha costado la renuncia de varios de sus ministros.
En su gobierno, para citar un caso, sacrificó a los seguidores más fieles de su proyecto político, como la exministra de Medio Ambiente, Susana Muhamad, para mantener a Armando Benedetti en el gobierno. Algo similar ocurrió con un amigo cercano suyo, Gustavo Bolívar.
— La característica del narciso es que no es empático. No entiende ni el dolor ni el sufrimiento del otro. El narciso no entiende nada diferente a su propio mundo. Petro tiene falta de empatía por sus cercanos. El narciso, además, quiere que lo vean. El consejo de ministros que transmite por televisión es la evidencia. Petro quiere exponerse y mostrar que él no comete errores, que los que los cometen son los otros, sus ministros —explica el doctor Valbuena.
Por otra parte, en la salud mental de las personas, aparte de los traumas se combinan diferentes factores sociales y en este caso de tipo político, uno de ellos, la fuerte oposición férrea de sus contrincantes que conlleva una carga emocional difícil de sobrellevar y se manifiestan en las reacciones tácticas para defenderse de la oposición… no muy acertadas.
– El presidente ha cometido muchísimos errores, sin lugar a dudas, pero, además el que tenga el sello de izquierda hace que se le juzgue muy duro, y eso no es fácil para nadie. Petro, además, es un hombre disruptivo, que quiso hacer las cosas de otra manera. Prometió un cambio que no lo pudo hacer. Hoy está frustrado, golpeado, herido. Y tiene, de pronto, actitudes extremas. Es un hombre iluso. Tanto, que, desde la guerrilla, quería cambiar el país. Y los países no se cambian. A Petro lo veo asustado, un hombre con mucho miedo, que no confía en nadie. De ahí sus características de paranoia. Se siente perseguido justo porque no tiene en quién confiar —dice Gloria H. (El País, 8/6/2025)
Quienes están cerca de Petro son amigos políticos con algún interés a cambio. Su familia, por otro lado, pareciera muy lejos de él. Sus hijos viven en el exterior, y hace meses que al presidente no se le ve con su esposa, Verónica Alcocer. A la distancia se le ve muy solo, sin un soporte afectivo, sin en quién apoyarse. Y eso puede ser peligroso. Según un psicólogo clínico consultado por El País, que pide no ser citado con su nombre lo advierte: – Cuando no hay un soporte afectivo, la persona está a merced de una gran cantidad de presiones impresionantes. Eso la puede llevar a consumir sustancias psicoactivas. La pregunta es si una persona puede gobernar de manera armónica a un país cuando su salud mental no es armónica –
Al revisar los perfiles psicológicos de los mandatarios y líderes políticos de la actualidad como Trump, Putin, Uribe, a todos se les ha detectado algún tipo de cuadro clínico desde la psiquiatría, con excepción de lideresas femeninas, lo que nos lleva a inferir que lo que le pasa al mundo, está relacionado con los trastornos de salud mental de nuestros gobernantes tipo alfa.
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