Por: Julián Martín Ruíz Frutos*
Son los antivalores aquellas conductas, actitudes o creencias negativas que se oponen a los valores, es decir, a lo que se considera bueno, correcto y deseable para el bienestar individual y social. Mientras que los valores promueven la armonía y la estabilidad, los antivalores son dañinos, generan sufrimiento y desintegración, atentan contra la moral y la ética, y son rechazados por la sociedad, tales como la injusticia, el egoísmo, la deshonestidad y la arrogancia.
Son lo opuesto a los valores, representando lo que es negativo, dañino e indeseable; son actitudes o comportamientos que generan un impacto negativo tanto en el individuo que los practica como en la sociedad; se oponen a las creencias y normas éticas y morales que regulan la vida en sociedad; encontrándose entre sus características negación y destrucción, la variabilidad cultural, las guías de conducta negativa que representan el rechazo social; de ahí que la sociedad tienda a condenarlos y en algunos casos, las leyes los sancionan, entre ellos tenemos injusticia, deshonestidad, egoísmo, arrogancia, irresponsabilidad, violencia y pereza entre otros.
Generan ellos incertidumbre, ante lo cual interesa sobremanera optar todos por reconstruir el tejido social y los valores a través de las buenas y mejores prácticas ciudadanas con aportes fundamentales para seguir construyendo democracia como un quehacer permanente, valido y valioso respecto de su defensa a ultranza. No podemos bajo punto de vista alguno ayudar a destruir nuestro tejido social al cambiar de inculcar valores a inculcar premisas ideológicas, dejando a la juventud y a toda la sociedad a merced del crimen organizado, hoy por hoy socio político del progresismo gobernante.
No se ha querido entender que la verdad racional no está en la masa, por lo que interesa y mucho importa buscar los superiores ideales, así como apartarse definitivamente de consignas huecas y rabiosas, lo que impone optar de manera decidida y decisiva por reconstruir a toda marcha el tejido social, hacer solida su cohesión, ir tras los edificantes valores y no coadyuvar por ningún motivo en la fementida lucha de clases, trabajo que ya hacen muy bien persiguiendo no sabemos tras que jugosos dividendos, los medios de difusión, buena parte de una academia vacua como al garete y muchos absurdos dirigentes enquistados en una casta política desorientada y egoísta respecto de los intereses superiores de la colectividad.
*Abogado. Especializado en Derecho Laboral. Analista. Columnista

