Por: Ec. Omar Escobar.
Ante las expectativas sobre un posible incremento de la inflación la Junta Directiva del Banco de la República, mantiene su postura de mantener una tasa de interés relativamente alta 9,25%. Sus argumentos se basan en el incremento del déficit fiscal proyectado al 7,1%, un crecimiento modesto de la economía -pese a un buen nivel de empleo- y sobre todo las expectativas sobre el incremento del salario mínimo por encima de la inflación hacen que la mayoría de sus miembros mantengan dicha posición que va en contravía de las aspiraciones de Petro en materia monetaria.
Prestigiosos analistas como Camilo Pérez de investigaciones económicas del Banco de Bogotá, coincide con Leonardo Villar, gerente general del BC: “las tasas permanecerán en 9,25% hasta que se evidencie mejoras en las expectativas de la inflación”. Por otro lado, el viceministro de Hacienda Carlos Betancourt, señalo que “el diferencial entre la tasa neutral estimada y la tasa repo real observada, seguiría siendo amplio para mantener una inflación controlada”, como ha venido sucediendo en este gobierno, quien, desde su perspectiva del crecimiento económico, ha tratado de influir en la Junta para que bajen dichas tasas.
La posición ortodoxa de la JDBR tiene como propósito, primero reducir la inflación al 2% mediante una política monetaria restrictiva, sin importar que dicha meta implique sacrificar todo un periodo de gobierno, pues Villar categóricamente afirma que “es posible” que se llegue al 3% en el primer semestre de 2027. Es decir, que los emprendedores, no lograrán tener acceso a un crédito más accesible, sino cuando termine este gobierno. Reflexión: la junta perdió su enfoque técnico o la testarudez académica cierra la visión a otras medidas no monetarias como el estímulo a la inversión y a la productividad.
Por otra parte, los “aclamados” analistas, acordes con Villar, recuerdan que es necesario mantener dicha postura dado el riesgo inflacionario (expectativa) derivado de un incremento del salario mínimo y el déficit fiscal. Ellos conocen que demanda interna, gracias a las mejoras salariales, ha tenido un buen desempeño con miras al alza. Por eso, mismo esperan que choque con una oferta incipiente, lo cual generaría inflación, y obviamente habría un culpable. Saben además que la única manera de superar esa oferta incipiente, es bajando las tasas de interés…por ello, se oponen, perdiendo así su objetividad.
En relación con el tema salarial y la inflación, el incremento salarial debe estar asociado al tema de la productividad, pues si el salario mínimo está por encima del valor que crea el trabajador, no habrá dinero para pagarle. Si por el contrario, el valor creado es mayor al coste de sus factores, incluido su salario, habrá incentivo para aumentar el empleo. Es decir, a mayor productividad, mayor remuneración a los factores productivos… solo que aquí, el dueño del capital toma ventaja respecto al contratista. El primero recibe más que el segundo. Esta es la condición para acumular capital, caso contrario no es posible la riqueza.
Para justificar, tal diferencia de remuneración, el capitalista a través del Estado y sus consortes del campo político, siempre repiten su desgastado discurso respecto al infame sacrilegio de incrementar el salario mínimo, que ha de llevar a la inevitable inflación. Siempre se hace creer que, al aumentar el costo laboral, este crea inflación dado que no compensa su productividad. Sin embargo, los datos estadísticos muestran otra cosa. Entre 2014 y 2018 el SMLV subió del 20% al 27% , mientras que la inflación bajo del 3,6%al 3,1%. Entre 2028 y 2022, el SMLV paso del 27% al 28%, el mas pobre de la historia en Colombia, porque con tan solo un punto de incremento, la inflación pasó del 3,18 al histórico 13%…. obvio que mis colegas tendrán la mejor explicación. Y para rematar, entre 2022 y 2025 el SMLV se elevó en un 42%, la inflación cae al 5,10% pero las expectativas son mas alarmistas que la realidad, para los del BR. Esto demuestra que para algunos analistas hay hipótesis mejores que la realidad.
Según el FMI, la productividad de los factores es bajase, estancó entre 1990 y 2019. Según el DANE (2023) la productividad laboral cayó al 1,71%, y para los colombianos de a pie es bien conocido cuando se trata de la ineficiencia estatal. Razón por la cual merece una revisión de las escalas salariales estatales que superan en más de 20 veces a un SMLV, por tanto, 40 veces más nocivos en la distribución del ingreso y en la presión inflacionaria. Sin embargo, e irónicamente, en materia de productividad se cuestiona al trabajador del SMLV quien apenas representan un bajo porcentaje (14%) en cuanto a su cuantía y por ende en cuanto a su presión sobre la demanda. Muy contrario a resto que recibe entre cinco y 15 veces más y, trabajando por debajo de su productividad marginal. Estos últimos, que no producen, son quienes evitan incrementos al SMLV, so pretexto la inflación.
En la repartición del producto social, participan tres sectores; los trabajadores, los dueños del capital financiero y comercial, el mismo gobierno y dentro de cada uno hay una escala salarial bastante diferenciada que lleva a concentrar riqueza en pocas manos, mientras el resto pierde participación. En un estudio de Enrique Araujo, afirma que el porcentaje de participación de los trabajadores en el PIB (cf) durante el periodo 1970 a 1978, ha disminuido en 4,96%. La disminución de esa participación en el PIB durante la década de los años 70 equivale a un 6%. De continuar esa tendencia en 6 décadas, hasta el año 2030, el trabajador habrá perdido su participación en el producto.
En relación con la Población Ocupada actual, asciende a 23 millones, de los cuales, el 14,6% reciben un salario mínimo, logrando apenas un 0,92% de los ingresos nacionales y si el SMLV sube al 24% para el 2026, su participación apenas llegaría al 1,16% del PIB cuando en la década de los 70, llegaba al 34%. En ese orden, es necesario el incremento a quienes reciben SMLV y congelar el incremento a quienes ganan más de 10 SMLV, al menos por 4 años, a fin de mejorar la distribución del ingreso y disminuir el índice de GINI. Sin embargo, los economistas siguen alarmados por las “expectativas inflacionarias”, creyendo que las hipótesis económicas son leyes.

